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Soltar

Soltar

Por Christian Zapata

Mi esposa y yo nos casamos el 23 de julio de 2005, en la parroquia San Daniel El Profeta en el sureste de Chicago. Delante de Dios, nuestra familia y amigos, profesamos nuestro amor y compromiso eterno el uno al otro. Después de una recepción maravillosa con música, baile y alegría, nuestro día de bodas terminó y comenzó nuestro matrimonio.

Antes de nuestra boda, ambos estábamos en el proceso de terminar nuestros estudios post grado y después de la graduación, fuimos muy afortunados al obtener carreras gratificantes en nuestros campos de estudio. Joanne consiguió trabajo como maestra de secundaria, y yo, como terapeuta familiar. Un mes antes del día de nuestra boda, compramos nuestra primera casa. Era una casa con falta de arreglo, pero tenía potencial y sentimos que podríamos convertirla en nuestro primer hogar. Ya estábamos listos para una comienzo solido en esto del matrimonio. Habíamos terminado nuestras carreras, encontramos trabajos prometedores, y compramos nuestra primera casa, todo antes del día de nuestra boda. Todo pintaba bien para nosotros. A medida que pasaban los años, Joanne y yo trabajamos duro en nuestras carreras, estableciéndonos profesionalmente y recibiendo varias promociones. Pasamos mucho tiempo saliendo a citas románticas y por lo menos una vez al año planeábamos unas bonitas vacaciones. Juntos vimos amaneceres en las playas de Santorini en el este y los atardeceres de Cabo San Lucas en el oeste.

Por unos seis años sentimos que teníamos todo lo que anhelábamos y necesitábamos. Pero luego de muchas conversaciones, y dándole vueltas al asunto, nos dimos cuenta de que en nuestra vida faltaba una pieza clave: hijos. Quizá nos habíamos considerado suertudos por no tener hijos aun, pues ambos estábamos muy involucrados en nuestras carreras, haciendo voluntariado, y participando en la iglesia. Muy al estilo de la familia Zapata, decidimos planear esto muy bien. Decidimos que el mejor tiempo para tener hijos coincidiría con la agenda escolar de mi esposa para que pudiera estar en casa todo el verano y mi horario de trabajo no fuera tan atareado. Hacía perfecto sentido en nuestras mentes y en papel. Pero a medida que pasaban las semanas, no sucedía nada. Nada de bebé.

Comenzamos a preocuparnos, y buscamos consejo médico sobre como proceder. Después de navegar por el proceso complicado del seguro HMO, nos encontramos sentados en el consultorio de un especialista en fertilidad. Honestamente, la primera cita fue como nublada para ambos. El equipo de enfermeros y el doctor hablaban de inyecciones de hormonas, extracciones de óvulos y embriones de calidad AA. Nos fuimos del consultorio sintiéndonos muy agobiados, temerosos y preguntándonos si estábamos haciendo lo correcto. Pasamos varios días orando individualmente y juntos, y buscando guía espiritual por parte de nuestro sacerdote. Nos hacíamos preguntas existenciales como, ¿será que no debemos tener hijos? O ¿estamos poniendo nuestra voluntad por encima de la de Dios? Después de pasar días leyendo paquetes de información, navegando la red en busca de todo lo que tuviera que ver con infertilidad, orando y después de una reunión de afirmación con nuestro sacerdote, decidimos continuar con el proceso. Estábamos emocionados, pero nerviosos al mismo tiempo.

Comenzamos la primera ronda del tratamiento IVF y nos pidieron que regresáramos en tres semanas para determinar si el embrión había sobrevivido el traslado. Esas fueron las tres semanas más largas de nuestras vidas. Llego el día y las enfermeras hicieron la prueba de embarazo. Regresaron con noticias desalentadoras; no había embarazo. Los doctores no nos dieron una razón exacta de porqué no había funcionado, pero nos dieron una letanía de estadísticas como manera de consuelo.

Comenzamos la segunda ronda del tratamiento IVF y nos recomendaron que incrementáramos el numero de embriones de uno a tres. Los doctores volvieron a recitarnos las estadísticas sobre los embarazos múltiples y los posibles riesgos. Aun así, anhelábamos tener nuestros propios hijos, así que procedimos. Una vez más, esperamos tres semanas y cuando regresamos a la clínica, por fin escuchamos la noticia que tanto esperábamos; ¡felicidades estás embarazada… con gemelos! No recuerdo el viaje a casa. Debimos haber flotado hasta la casa. Habíamos tratado por tanto tiempo con resultados negativos y escuchar por fin esas palabras mágicas crearon tal alegría y contentamiento en nosotros que agradecimos a Dios por tener su mano en todo este proceso y por haber creado esta oportunidad para nuestra familia.

Nos pidieron que regresáramos dos semanas más tarde para revisar a los “bebés”. Durante esas dos semanas pasamos todo nuestro tiempo navegando la internet y buscando tiendas de bebés para comprar dos de todo. El sentimiento era indescriptible. Nuestros sueños y nuestra esperanza se habían multiplicado por dos. En la siguiente visita medica, la enfermera regresó con un semblante triste y nos dijo, “lo siento mucho, pero no lograron sobrevivir.” Una vez más, no recuerdo el viaje a casa.
La noticia fue tan devastadora que hablamos muy poco el uno con el otro los siguientes días. No estábamos molestos; solo que cada uno estaba en su propio mundo tratando de lidiar con el shock y la decepción. Sentimos que tocamos fondo y no teníamos ganas de hacer nada más. Las tensiones se acrecentaban en nuestro hogar y ninguno de los dos quería decir algo que pudiera molestar al otro. Parecía que camináramos sobre arenas movedizas.

Fue en el momento más oscuro que Dios nos iluminó con su luz más resplandeciente. Fue en el momento donde nos sentimos fuera de control que nos dimos cuenta que necesitábamos rendirnos ante el proceso y verdaderamente dejarlo en las manos de Dios. Llegamos a la realización de que a pesar de nuestras oraciones y de decir que teníamos fe; en realidad éramos quienes llevábamos el proceso. Mi esposa y yo habíamos conversado muchas veces sobre quiénes eramos, lo que creíamos y en quien queríamos convertirnos como individuos y como familia. Batallamos bastante para poder realmente “soltar y dejar que Dios se encargara.” Nuestras vidas siempre habían sido definidas por nuestros logros como resultado de nuestras ganas y determinación. Fue en el momento donde mas rotos estábamos que por fin nos sentimos mas completos como pareja. Durante todo este procesos fuimos recordados de Proverbios 3:5-6:

Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas.”

Acerca de Christian A. Zapata

Christian A. Zapata es un trabajador social clínico licenciado con una maestría de Jane Adams College of Social Work. Christian terminó sus programas de entrenamiento post-grado en el Chicago Center for Family Health in Marriage and Family Systems Therapy al igual que del Illinois Child-Parent Psychotherapy Learning Collaborative a través del Erickson Institute in Child-Parent Psychotherapy. Cristian cuenta con más de 13 años de experiencia proveyendo servicios terapéuticos multi-culturales a niños, adolescentes y adultos. El Sr. Zapata actualmente trabaja como Supervisor de Trabajo Social para el Friedman Place donde se encarga de los programas y provee servicios terapéuticos a adultos ciegos o con vista deteriorada.

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30 días con devocionales

Este recurso puede ayudarte y a tu familia tener en encuentro con las Escrituras y hacer conexiones más profundas con Dios y con tu familia. Fue escrito para ser usado durante el mes de junio, sin embargo, ustedes pueden usarlo en cualquier momento. Sugerimos que comiencen un viernes con el Día 1 porque algunas actividades están diseñadas para el fin de semana y la adoración del domingo. ¡Que Dios los bendiga!

Aplicación de Lazos de Familia

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Matrimonio y Migrañas

Matrimonio y Migrañas

Por Judy Oates & Steve Holt

Desperté con una terrible migraña, una de las peores.

“No, hoy no Señor, ¡es mi aniversario!
Por supuesto que tú lo sabes, pero ¡por favor Dios!
Steve merece pasar un buen día. AMBOS lo merecemos Señor, ¿o no?
Una noche divertida fuera de casa… una tarde íntima juntos.
Por favor, Señor, quítame este dolor.”

Steve me trajo café y flores. Con un beso, me deseó un feliz aniversario. No mostró ni una señal de decepción a causa de mi malestar y la posibilidad de que no pudiéramos celebrar como habíamos planeado. Y este era un aniversario importante. Era como nuestro primer aniversario y el décimo tercero, aunque en realidad era el doceavo. Ambos habíamos estado casados anteriormente, así que nuestro tiempo de casados combinados era de 30 años. Nuestro matrimonio era de 12 años en este punto, pero habíamos tenido un contratiempo grande el año pasado. Pasamos tiempos muy difíciles lidiando con el dolor de la infidelidad y la sanación que solo Dios puede dar. Literalmente, mi esposo estaba mudando sus cosas de nueva cuenta a nuestra casa esa semana. Era un nuevo comienzo para nosotros, uno bendecido por una gran sabiduría otorgada por Dios.

Las cosas no comenzaron de manera fácil para nosotros. El sabía que yo padecía de migraña crónica diariamente, lo que en realidad eran 15 días o más al mes, siendo ese número de migrañas las que tengo cada mes. Toda la vida había sido plagada con migrañas, la primera me fue diagnosticada a los 5 años. A medida que fui creciendo, fueron empeorando progresivamente. Me acababan de diagnosticar con una condición cardiaca, así que también inicié un tratamiento para el corazón. Con ello, mi cuerpo pasó por muchos cambios y todo empeoró. A medida que pasaban los años, aumentaron mis problemas físicos. Él se convirtió más en mi cuidador que esposo o amante. Por mi bien, Steve se jubiló temprano para apoyarme emocional y físicamente, y para asistirme durante los viajes alrededor del país en búsqueda de ayuda médica – los viajes consumían mucho de nuestro tiempo y energía, y nos dejaba drenados, agotados… y eso sin considerar los efectos secundarios de los medicamentos.

Al tiempo que Steve se convirtió en mi cuidador más que mi esposo, ambos comenzamos a reconocer que nuestros roles estaban cambiando – pero cuando nos dimos cuenta, ya estábamos peleando mucho y no sabíamos cómo arreglar el caos en el que estábamos metidos. Culpábamos a todo lo que tenía que ver con mi salud, pero la verdad es, que los problemas estaban enraizados más allá. Nuestra comunicación era pobre y ya no orábamos juntos. Afortunadamente, Dios nos conocía mejor de lo que nosotros mismos nos conocíamos – y tenía un plan para ayudarnos.

Lo primero que pasa por mi mente cuando me preguntan sobre el matrimonio y la oración, es que no podríamos tener uno sin el otro. No se me ocurre una sola razón para siquiera pensar en intentarlo. Tenemos un Padre amoroso que nos conoce y ama completamente, Él quiere lo mejor para nosotros como personas y en nuestros matrimonios y Él nos conoce mejor que nosotros mismos. Él tiene un plan para nuestro futuro y tiene el poder, la sabiduría y la fortaleza para ver ese plan realizado. Él tiene la habilidad de hacer que las cosas funcionen para nuestro bien sin importar nuestra cual sea nuestra percepción. Él nos guiará con su paz (o por nuestra falta de) si solo nos damos la oportunidad de tener una relación con El – y hacemos eso al pedir su perdón por nuestros pecados, estableciendo una relación con El y aprendiendo más sobre El a través del estudio Bíblico y hablándole o, en otras palabras, por medio de la oración.

Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados.

1 Pedro 4:8

Acerca de Elsie & John Radke

John y Elsie tienen 15 años de casados. Son padres de seis hijos adultos y abuelos de 4 hermosos nietos. John tiene su propio negocio y Elsie está jubilada de su trabajo como ministra de familia por casi 20 años. Disfrutan viajar, salir a cenar, cuidar a sus nietos y la compañía el uno del otro.

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Un Dios de Segundas Oportunidades

Un Dios de Segundas Oportunidades

Por Elsie y John Radke

El matrimonio para toda la vida es una expectativa que todas las parejas recién casadas comparten. Aunque los desafíos del matrimonio y la familia aun están por presentarse ante los recién casados, enfrentarán estos asuntos juntos con la esperanza de un final feliz. Desafortunadamente, esto no funciona para todas las parejas. Ambos, John y yo, nos habíamos casado con la clara intención de que durara para siempre. Pero no fue así.

Los efectos del alcoholismo y de enfermedad mental impactaron nuestros matrimonios anteriores de tal manera que no nos permitieron permanecer en nuestro respectivo matrimonio. La decisión de terminar cada matrimonio fue una llena de tormento, dudas y tristeza extrema. ¿A dónde habían partido el amor y el respeto? Porqué permitimos que desaparecieran y nos forzaron a tomar decisiones que rompieron nuestros corazones.  Los hijos que compartimos con nuestros ex esposos ahora se encontraban viviendo en dos mundos, como resultado de relaciones no saludables e incertidumbre financiera. No era el sueño que ninguno de los dos teníamos para nuestra familia.

Como padres divorciados, aprendimos a navegar las aguas turbias de ser padres solteros. En ciertas maneras, la vida se tornó más tranquila, pero también estaba falta de la intimidad profunda con otro adulto. Ocho años después de mi divorcio, y dos años después del de John, nos conocimos en un entrenamiento de liderazgo para el Ministerio de Divorcio de nuestra iglesia. Sin buscar una relación, pasaron algunos meses antes de que nos diéramos la oportunidad de salir juntos. Solo después de varias semanas de salidas fue que comenzamos a entender que estábamos iniciando una relación. Fue mi hijo de 15 años el que me dijo que ahora ya tenía novio. Fue raro, pues esto no figuraba de ninguna manera en mis planes.

Después de tres o cuatro meses de vernos varias veces por semana, comencé a pensar que era muy complicado ser madre de tres adolescentes y sostener una relación con este hombre. Así que me reuní con mi director spiritual y le hablé de mis preocupaciones.  Le dije que quería terminar la relación y mantener las cosas de mi vida sin complicaciones. Ella me vio directamente a los ojos y me desafió preguntando por qué me sentía de esa manera si obviamente lo pasaba muy bien con este hombre. Yo le hice una lista de excusas y ella gentilmente me tomó de la mano y me dijo, “¿Porqué crees que no eres digna de amar a este hombre?” Yo sentí mis lágrimas rodar al escuchar esa verdad que me dolía. Me pidió que dejara de pensarlo demasiado y que permitiera que Dios trabajara en nuestras vidas. Yo estaba demasiado reacia. Además de que aún me estaba castigando por el divorcio.

Pensé en lo que me dijo. Le pedí a Dios que me ayudara a recibir ese amor si era lo mejor para los dos. A su tiempo, eso fue lo que sucedió. Después de un año y medio de noviazgo, nos comprometimos y nos casamos seis meses más tarde.  Tuvimos una segunda oportunidad para amar y tener un buen matrimonio. Dios claramente estaba en el centro de nuestra relación y ambos confiamos el uno en el otro y en El.

Entre los dos, tenemos 6 hijos jóvenes adultos y sabíamos que nuestra decisión de casarnos podría ser un desafío para ellos. Ellos firmemente nos dijeron que no seríamos como la familia de la serie de TV, “The Brady Bunch.”  Decidimos casarnos en la capilla de un orfanatorio que apoyamos en Miatcatlán, México, cerca de Cuernavaca. Juntamos nuestros recursos y nos fuimos con nuestros hijos a México. Conocimos el área, pasamos tiempo con los pequeños del orfanato y celebramos nuestra boda en la capilla rodeados de nuestros hijos, algunos amigos y muchos de los 850 huérfanos que viven ahí. Fue hermoso y memorable para todos nosotros.

Habiendo celebrado nuestro 15 aniversario, nos sentimos muy agradecidos de estar juntos. Nuestros hijos respetan el matrimonio que hemos modelado para ellos. No ha sido fácil, pero cuando Dios es el centro de la relación, el éxito es mejor. Somos muy bendecidos.

Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados.

1 Pedro 4:8

Acerca de Elsie & John Radke

John y Elsie tienen 15 años de casados. Son padres de seis hijos adultos y abuelos de 4 hermosos nietos. John tiene su propio negocio y Elsie está jubilada de su trabajo como ministra de familia por casi 20 años. Disfrutan viajar, salir a cenar, cuidar a sus nietos y la compañía el uno del otro.

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¡Esa Dichosa Discusión!

¡Esa Dichosa Discusión!

Por Eunice Reed

Mi esposo y yo compramos nuestra casa cuando teníamos 22 años de edad, gracias a la presión por parte del jefe de mi marido. Fue tan insistente que hasta nos refirió a una agende de bienes y raíces.  Le caímos tan bien a nuestra agente, que al ver que no teníamos lo suficiente para el enganche y los gastos de cierre, puso su comisión como enganche para que pudiéramos comprar la casa con la condición de que se lo pagáramos en un solo pago cuando lográramos reunir el dinero. Poco tiempo después, la compañía para la que yo trabajaba descansó a la mitad de los empleados en mi departamento.  Yo fui uno de ellos. Tiempo después, conseguí otro trabajo y logramos ahorrar el dinero que necesitábamos y pudimos pagar el préstamo a nuestra agente.  Claro que esto significaba que no habría compras de muebles en un buen tiempo.

Un día, después de una fuerte discusión con mi esposo yo estaba muy enojada. Cansada de ver una sala vacía, manejé hacia la tienda RoomsToGo y compré un juego de sala completo, incluyendo las mesas. No había hablado sobre esta compra con mi esposo y además lo pagué con una tarjeta de crédito, rompiendo la regla que nos habíamos puesto de no usar tarjetas de crédito.  Claro que, después de calmarme, ya era demasiado tarde para cancelar la compra, así que un día antes de que llegaran los muebles, muy cariñosa y amorosamente le informé a mi marido de lo ocurrido, para apaciguar el shock. Yo esperaba con gusto ver mi sala amueblada, especialmente después de esperar tanto tiempo, así que parte de mi estaba muy emocionada el día que por fin llegaron los muebles. Pero, muy pronto, me di cuenta de que habría sido buena idea medir las piezas. El juego de muebles era demasiado grande, y aunque hubiera estado bien tener un sofá gigantesco, las demás piezas estaban de más. Cada vez que lo veía, me molestaba.

Lo que Aprendí

Poco tiempo después de la llegada de nuestros muebles nuevos, mi esposo y yo salimos.  Imagínate mi reacción, cuando al regresar, descubrí las huellas negras sobre los cojines y los asientos de nuestro sofá de rayas beige y blanco. Nuestro gato se había metido a un costal de carbón y luego se le ocurrió caminar sobre mi sofá con sus patas sucias. Las manchas jamás salieron, así que cubrí el sofá con una sábana por siempre. Mi esposo – quien es una persona muy intensa – nunca me dijo nada negativo sobre mi “compra impulsiva,” al contrario, muy pacientemente programó los pagos mensuales para poder pagarla antes de que naciera nuestra primera hija.  Cada vez que quería hacer algo divertido, simplemente no podíamos porque el pago de la sala se llevaba gran parte de nuestros ingresos. Este suceso marcó para siempre nuestro matrimonio porque, aunque mi esposo se mantuvo tranquilo y nunca perdió la cabeza, yo no disfruté la monstruosidad en mi sala. Aprendí a esperar hasta que llegáramos a un común acuerdo antes de cualquier proyecto o compra importante. Ninguna discusión podría llevarme a hacer algo semejante otra vez.

Este ha sido el fondo en mi mente, mientras espero la intervención de Dios en nuestras vidas. Salmo 27:14:

Pon tu esperanza en el Señor;
ten valor, cobra ánimo;
¡pon tu esperanza en el Señor!”

Isaías 30:18b dice:

“… ¡Cuán bienaventurados son todos los que en El esperan!”

Qué difícil es esperar, pero cuánto vale la pena hacerlo.

Acerca de Erik y Eunice Reed

Erik y Eunice llevan 29 años casados y tienen 3 hijos terminando el colegio o comenzando sus carreras. Erik ha sido el Director de Tecnología para una agencia gubernamental por más de 15 años y es el fundador de DblEdge Software. Después de trabajar en automatización de oficinas, Eunice decidió quedarse en casa con sus hijos. Recientemente fundó MiPropertyValue.net y escribe un blog sobre propiedades y temas del hogar.

EuniceAndErikReed
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Cuando la respuesta es “No, No Ahora”

Cuando la respuesta es “No, No Ahora”

Por Peter y Heather Larson

Aprendimos una invaluable lección sobre la fidelidad de Dios al iniciar nuestra jornada como padres. Teníamos pocos años de casados y decidimos que queríamos iniciar una familia. Ambos estábamos acostumbrados a trabajar duro, a alcanzar metas, y a obtener los resultados que queríamos y esperábamos. Asumimos que el convertirnos en padres no sería diferente. Nos faltaba tanto por aprender…

No tomó mucho tiempo antes que Heather quedara embarazada y parecía que nuestro plan marchaba perfectamente. Ella comenzó a leer cada libro sobre el embarazo. Sabíamos que en nuestra primera cita médica, podríamos ver a nuestro bebé del tamaño de un cacahuate y que escucharíamos el latido de su corazón. Cuando el técnico de ultrasonido movió el aparato, encontró el saquito donde se desarrollaría el bebé, mas no el bebé. Después supimos que a esto se le llama “óvulo malogrado.” Para nosotros, solo quería decir angustia, miedo y confusión.

¡Estábamos en shock! Tanta esperanza y anticipación inmediatamente se volvieron una mezcla de emociones. Pasamos por tantas etapas de duelo, y no siempre al mismo tiempo. Al principio, Heather estaba muy enojada con Dios por permitir tal desgracia. ¿Cómo era posible que no le concediera el deseo de su corazón? Yo estaba paralizado, pero aun intentaba mantenerme esperanzado y buscando consuelo en el hecho de que muchas parejas sufren un aborto natural durante su primer embarazo.

El hecho de que no experimentábamos las mismas reacciones al mismo tiempo nos permitió levantarnos el uno al otro y crecer profundamente durante esta prueba. Desafortunadamente, la lección de que “no estamos en control” no termino ahí. Los siguientes dos años nos trajeron dos abortos más en etapa temprana y olas de desaliento que rompían como una fuerte marea. Para este tiempo, yo ya me sentía enojado con Dios, pero Heather comenzaba a experimentar la presencia de Dios y su consuelo de maneras nuevas y más profundas.

Un día en particular, Heather pensaba “Dios simplemente no sabe lo que es ser madre y perder a un hijo.” Y por supuesto, después recordó a Jesús. ¡Dios sabe lo que es perder a un hijo! Entonces comprendimos que Dios podría usar estas circunstancias para mostrarse de una manera profunda ante nosotros. Aun cuando nosotros no estamos en control, ¡El lo esta! Heather encontró al Salmo 71 como una gran fuente de esperanza. Los versos 20 y 21 resaltaron de la página y hacia su corazón, renovando su esperanza y recordándole que Dios no nos dejaría en desolación.

Has permitido que sufra muchas privaciones, pero volverás a darme vida y me levantarás de las profundidades de la tierra. Me restaurarás incluso a mayor honor y me consolarás una vez más.”

Salmo 71:20-21 (NIV)

Sobre Peter & Heather Larson

Los Larsons llevan 22 años de casados, y tienen 3 hijos (17,15 y 14). Peter es un Psicólogo Clínico licenciado, que trabaja en integración de equipos de la plataforma digital de crecimiento Gloo, y Heather es una capacitadora de matrimonios certificada del programa Hope por Focus on the Family. Juntos, han escrito cuatro libros sobre el matrimonio y la crianza de los hijos con los Arps.

Para aprender mas sobre ellos, vea www.Gloo.us, www.hoperestored.focusonthefamily.com, o www.bridewellcoaching.com

Peter&HeatherLarson
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¿Qué tan Grande es tu Familia? (Sanación de las heridas que deja un Aborto)

¿Qué tan Grande es tu Familia? (Sanación de las heridas que deja un Aborto)

Anónimo

¿Qué tan grandes son nuestras familias? ¿Ves a quienes van perdidos y siguen sufriendo – como resultado de abortos en nuestras familias extendidas, nuestra comunidad y nuestra cultura?

¿Tienes hijos? ¿Los amas y quieres protegerlos? ¿Estabas preparada cuando los tuviste? Quizá ninguno de nosotros estamos realmente preparados para ser padres, es decir tener todo para serlo- y es que todos soñamos con tener todos los ingredientes para ser padres– el esposo/a indicado, suficiente dinero, fuerza física, y sabiduría para cuidar y guiar las vidas frágiles que se nos han encomendado.

Para muchísimos de nosotros, la historia como padres comienza con un aborto – un rechazo a nuestro llamado como padres, aun a nuestra humanidad. Así que nuestra familia verdadera es más grande de la que nos rodea – y cómo Dios la ha hecho más grande con Su amor, y no en el número de niños que ahora puedo abrazar.

Supe que estaba embarazada a la edad de 18 años – mientras cursaba la universidad, tras terminar mi relación con mi novio de aquel entonces, y en una clínica del condado. No había manera que de que yo pudiera enfrentarme a la responsabilidad de ser madre en aquel entonces – o por lo menos eso pensaba yo. No tenía dinero, ya me había revelado bastante durante mi adolescencia y hasta ese entonces, así que contarles a mis padres que había cometido otro error más– y de tal magnitud – era impensable. Así que me congelé. No literalmente, pero sí emocional e intelectualmente. ¡Esto no podía estarme pasando a mi! Si tan solo negara o ignorara la realidad, quizá podría desaparecer. Bueno, tal vez con un poco de ayuda de la clínica que me había contado una amiga. En esos momentos, eso era justo lo que pasaba por mi mente.

Así que lo decidí. Le dije a mi ex novio que necesitaba algo de dinero. No mucho, en retrospectiva – solo unos cuantos cientos de dólares para deshacerme del “problema.” Unas cortas semanas después, me encontraba acostada en una camilla de examinación con gente que estaba haciéndose cargo del “asunto.” Después me fui a casa. La descarga de fluidos posteriores despedían un olor horrible como a pescado podrido – como si algo se hubiese…muerto. Yo seguí negando la terrible verdad de lo que había hecho. Ya eso había pasado (o, por lo menos la parte física.) Pero ¿y los primeros indicios de instinto maternal y la hinchazón del vientre que aguardaba un bebé? Bueno, todo esto ya había terminado – ahora era tiempo de seguir con mis estudios, y de no tener más pensamientos sobre “eso” (excepto cuando mi mente comenzaba a vagar).

Pero “eso” sucedió – yo tuve un bebé, una vida humana que crecía dentro de mi, carne de mi carne. Terminé la universidad, entré a la escuela de posgrado y después – me vi frente a la fuerte realidad y la gravedad de mi pecado. Si, yo había rechazado la capacidad de Dios de hacerse cargo de mi sin importar las circunstancias, y yo me había tomado el rol de Dios – decidiendo cuestiones de vida y muerte humana.

Al tiempo que comencé a comprender la gravedad de mi pecado, empecé a creer que yo era demasiado mala y horrible persona, para que Dios me aceptara jamás como Su hija. Pero Dios es tan bueno, y todo suficiente. Me encaminó hacia la fe, con amigos amorosos y una iglesia solida a mi alrededor, y me mostró claramente cómo ningún pecado es demasiado grande para la salvación redentora de Jesús. Comprendí que Jesús murió en la cruz POR MI – para sufrir el castigo por todas las personas que se han hecho un aborto y que han hecho y pensado otras cosas que son pequeñas a lado de su santidad, bondad y justicia. Yo soy suya – y mi bebé no nacido también.

Años después – Ahora soy casada, con dos hijos vivos. Me encanta ayudar a organizaciones pro-vida y vivir mi fe Cristiana. Estoy tan agradecida por tener un esposo compasivo y que siempre me apoya. Aun me siento muy avergonzada para contarles a mis hijos que tienen un hermano que nos espera en el cielo. ¿Como podrán algún día perdonarme? Pero caminamos en gracia y fe, con la certeza de que un día Dios limpiará cada lagrima. Yo espero en ese día. Mientras tanto, anhelo compartir el mensaje de Dios de un amor incomparable, redención, provisión y esperanza para todos – nacido y no nacidos, aquellos llenos de culpabilidad y los libres de culpas – mientras nuestra sociedad continua pelando contra las malévolas y profundas consecuencias del aborto.

Amo al Señor porque escucha mi voz
y mi oración que pide misericordia.
2 Debido a que él se inclina para escuchar,
¡oraré mientras tenga aliento!
3 La muerte me envolvió en sus cuerdas;
los terrores de la tumba[a] se apoderaron de mí.
Lo único que veía era dificultad y dolor.
4 Entonces invoqué el nombre del Señor:
«¡Señor, por favor, sálvame!».
5 ¡Qué bondadoso es el Señor! ¡Qué bueno es él!
¡Tan misericordioso, este Dios nuestro!
6 El Señor protege a los que tienen fe como de un niño;
estuve frente a la muerte, y él me salvó.
7 Que mi alma descanse nuevamente,
porque el Señor ha sido bueno conmigo.”

Salmos 116:1-7

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¿Sabes lo que viene para ti?

¿Sabes lo que viene para ti?

Por Mike Henderson

Si usted ha recibido una mala noticia, ha pasado o está pasando por una experiencia difícil, puede preguntarse, ¿Cómo lo superará a través de ÉL?

La mañana del 11 de septiembre de 2001 fue diferente, en tantas maneras, para mucha gente. Para mi esposa y para mí fue un cambio de vida. La noticia sobre los ataques terroristas contra las Torres Gemelas en Nueva York dominó los medios. Un día que nunca olvidaremos. En medio de la locura y el significado de ese día, nunca olvidaré la llamada telefónica de mi esposa. Fue alrededor de las 11:00 de aquella mañana sombría, cuando mi esposa llamó para decirme: “Mike, el médico me habló, tengo cáncer de mama”. Las lágrimas brotaron, en el fondo, llorar era lo único que podíamos hacer.

Había un montón de cosas que no sabíamos. No sabíamos lo malo que era, tampoco si su vida estaba en peligro, así que sólo lloramos. Para nosotros dos, esos momentos parecieron una eternidad. Dentro de mí, el mundo se derrumbó.

La noticia que dominaba la atención del mundo me sacudió e hizo preguntarme qué estaba pasando, pero el cáncer de mi esposa fue más devastador que cualquier cosa que habíamos enfrentado antes. Durante la conversación telefónica, mi esposa y yo coincidimos en que necesitábamos respuestas.

Sentado en mi silla de la oficina, trataba de comprender la noticia sobre el cáncer de mi esposa. Oré y oré, luego lloraba. Mi esposa, en casa, hacía lo mismo. Nos quedamos impresionados. Para ambos tuvimos un impacto muy profundo.

Recuerdo aquella sensación interior, que me mostraba que tenía que dejar ir a mi esposa… algo muy difícil de hacer. Mientras yo consideraba entregarla en manos del Señor, me sobrevino una sensación de abatimiento. Recuerdo haber orado, “Señor, yo no entiendo, tampoco sé por qué, pero te entrego a mi esposa. No sé lo que tienes en mente, pero voy a confiar en ti. “Abrí la Biblia y este versículo se hizo visible para mí. Se encuentra en 1 Corintios 10:13 (La Biblia de Mensajes),

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.”

Fue reconfortante darme cuenta que otros han tenido que hacer frente a este mismo problema, y ​​en algunos casos, mucho mayores, y lo superaron bien.

Los días y los meses pasaron. Yo estuve a al lado de mi esposa todo el tiempo, durante los seis meses que duró la quimioterapia y los tres meses de tratamientos con radiación. Es cierto que algunos días eran más difíciles que otros.

Recuerdo un día en particular, cuando mi esposa tuvo su tercer tratamiento de quimioterapia. Estaba tumbada en la cama, muy lastimada y sin responder. Ella me dijo: “Mike, no puedo seguir con esto.” Podía sentir su desesperación, me puse a su lado y respondí: “Cariño, vamos a ver el reloj, tratemos de hacerlo sólo por cinco minutos.” Después de haber hecho los primeros cinco minutos, lo haríamos de nuevo. Ese día, debimos haber mirado el reloj por lo menos 20 veces. ÉL nos ayudó a llegar hasta el final de un día muy difícil.

El texto de 1 Corintios 10:13, el que me había captado la atención, lo colgué en la puerta del refrigerador. Durante más de un año estuvo para recordarnos constantemente que el Señor Jesús estaba con nosotros. Era tan reconfortante saber que Él nos prometió que nunca seríamos tentados más de lo que podamos resistir, ni empujados más allá de nuestros límites, aun cuando internamente sintamos que ya no aguantamos más.

Hoy en día, mi esposa está libre de cáncer. ¡Alabado Sea Dios! Doy gracias al Señor por ella, por lo que ha hecho en nuestras vidas y en la de nuestros hijos. Lo que nosotros aprendimos como familia, durante este tiempo difícil, nos ha cambiado a todos nosotros.

Acerca de Mike y Debbie Henderson

Mike y Debbie han estado casados ​​41 años, tienen dos hijos y cuatro nietos impresionantes, con edades de 7, 4, 3 y 1 año. Mike, con el pleno apoyo de Debbie, ha sido el pastor principal, durante 17 años, de las redes de radio K-AMOR y Aire 1. Su audiencia apoya el ministerio de 10 pastores asociados, quienes personalmente responden a las necesidades de sus oyentes en todo el mundo.

Para obtener más información, visite www.Klove.com, www.air1.com y www.crisisresponse.org

Mike and Debbie Henderson
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30 días con devocionales

Este recurso puede ayudarte y a tu familia tener en encuentro con las Escrituras y hacer conexiones más profundas con Dios y con tu familia. Fue escrito para ser usado durante el mes de junio, sin embargo, ustedes pueden usarlo en cualquier momento. Sugerimos que comiencen un viernes con el Día 1 porque algunas actividades están diseñadas para el fin de semana y la adoración del domingo. ¡Que Dios los bendiga!

Aplicación de Lazos de Familia

¿Son los libros muy “anticuados” para ti? Esta aplicación personalizada te dará acceso a recursos para administrar tu propio desarrollo o hasta puedes hacer este trayecto con un grupo de amigos. ¿Que esperas?