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Soltar

Soltar

Por Christian Zapata

Mi esposa y yo nos casamos el 23 de julio de 2005, en la parroquia San Daniel El Profeta en el sureste de Chicago. Delante de Dios, nuestra familia y amigos, profesamos nuestro amor y compromiso eterno el uno al otro. Después de una recepción maravillosa con música, baile y alegría, nuestro día de bodas terminó y comenzó nuestro matrimonio.

Antes de nuestra boda, ambos estábamos en el proceso de terminar nuestros estudios post grado y después de la graduación, fuimos muy afortunados al obtener carreras gratificantes en nuestros campos de estudio. Joanne consiguió trabajo como maestra de secundaria, y yo, como terapeuta familiar. Un mes antes del día de nuestra boda, compramos nuestra primera casa. Era una casa con falta de arreglo, pero tenía potencial y sentimos que podríamos convertirla en nuestro primer hogar. Ya estábamos listos para una comienzo solido en esto del matrimonio. Habíamos terminado nuestras carreras, encontramos trabajos prometedores, y compramos nuestra primera casa, todo antes del día de nuestra boda. Todo pintaba bien para nosotros. A medida que pasaban los años, Joanne y yo trabajamos duro en nuestras carreras, estableciéndonos profesionalmente y recibiendo varias promociones. Pasamos mucho tiempo saliendo a citas románticas y por lo menos una vez al año planeábamos unas bonitas vacaciones. Juntos vimos amaneceres en las playas de Santorini en el este y los atardeceres de Cabo San Lucas en el oeste.

Por unos seis años sentimos que teníamos todo lo que anhelábamos y necesitábamos. Pero luego de muchas conversaciones, y dándole vueltas al asunto, nos dimos cuenta de que en nuestra vida faltaba una pieza clave: hijos. Quizá nos habíamos considerado suertudos por no tener hijos aun, pues ambos estábamos muy involucrados en nuestras carreras, haciendo voluntariado, y participando en la iglesia. Muy al estilo de la familia Zapata, decidimos planear esto muy bien. Decidimos que el mejor tiempo para tener hijos coincidiría con la agenda escolar de mi esposa para que pudiera estar en casa todo el verano y mi horario de trabajo no fuera tan atareado. Hacía perfecto sentido en nuestras mentes y en papel. Pero a medida que pasaban las semanas, no sucedía nada. Nada de bebé.

Comenzamos a preocuparnos, y buscamos consejo médico sobre como proceder. Después de navegar por el proceso complicado del seguro HMO, nos encontramos sentados en el consultorio de un especialista en fertilidad. Honestamente, la primera cita fue como nublada para ambos. El equipo de enfermeros y el doctor hablaban de inyecciones de hormonas, extracciones de óvulos y embriones de calidad AA. Nos fuimos del consultorio sintiéndonos muy agobiados, temerosos y preguntándonos si estábamos haciendo lo correcto. Pasamos varios días orando individualmente y juntos, y buscando guía espiritual por parte de nuestro sacerdote. Nos hacíamos preguntas existenciales como, ¿será que no debemos tener hijos? O ¿estamos poniendo nuestra voluntad por encima de la de Dios? Después de pasar días leyendo paquetes de información, navegando la red en busca de todo lo que tuviera que ver con infertilidad, orando y después de una reunión de afirmación con nuestro sacerdote, decidimos continuar con el proceso. Estábamos emocionados, pero nerviosos al mismo tiempo.

Comenzamos la primera ronda del tratamiento IVF y nos pidieron que regresáramos en tres semanas para determinar si el embrión había sobrevivido el traslado. Esas fueron las tres semanas más largas de nuestras vidas. Llego el día y las enfermeras hicieron la prueba de embarazo. Regresaron con noticias desalentadoras; no había embarazo. Los doctores no nos dieron una razón exacta de porqué no había funcionado, pero nos dieron una letanía de estadísticas como manera de consuelo.

Comenzamos la segunda ronda del tratamiento IVF y nos recomendaron que incrementáramos el numero de embriones de uno a tres. Los doctores volvieron a recitarnos las estadísticas sobre los embarazos múltiples y los posibles riesgos. Aun así, anhelábamos tener nuestros propios hijos, así que procedimos. Una vez más, esperamos tres semanas y cuando regresamos a la clínica, por fin escuchamos la noticia que tanto esperábamos; ¡felicidades estás embarazada… con gemelos! No recuerdo el viaje a casa. Debimos haber flotado hasta la casa. Habíamos tratado por tanto tiempo con resultados negativos y escuchar por fin esas palabras mágicas crearon tal alegría y contentamiento en nosotros que agradecimos a Dios por tener su mano en todo este proceso y por haber creado esta oportunidad para nuestra familia.

Nos pidieron que regresáramos dos semanas más tarde para revisar a los “bebés”. Durante esas dos semanas pasamos todo nuestro tiempo navegando la internet y buscando tiendas de bebés para comprar dos de todo. El sentimiento era indescriptible. Nuestros sueños y nuestra esperanza se habían multiplicado por dos. En la siguiente visita medica, la enfermera regresó con un semblante triste y nos dijo, “lo siento mucho, pero no lograron sobrevivir.” Una vez más, no recuerdo el viaje a casa.
La noticia fue tan devastadora que hablamos muy poco el uno con el otro los siguientes días. No estábamos molestos; solo que cada uno estaba en su propio mundo tratando de lidiar con el shock y la decepción. Sentimos que tocamos fondo y no teníamos ganas de hacer nada más. Las tensiones se acrecentaban en nuestro hogar y ninguno de los dos quería decir algo que pudiera molestar al otro. Parecía que camináramos sobre arenas movedizas.

Fue en el momento más oscuro que Dios nos iluminó con su luz más resplandeciente. Fue en el momento donde nos sentimos fuera de control que nos dimos cuenta que necesitábamos rendirnos ante el proceso y verdaderamente dejarlo en las manos de Dios. Llegamos a la realización de que a pesar de nuestras oraciones y de decir que teníamos fe; en realidad éramos quienes llevábamos el proceso. Mi esposa y yo habíamos conversado muchas veces sobre quiénes eramos, lo que creíamos y en quien queríamos convertirnos como individuos y como familia. Batallamos bastante para poder realmente “soltar y dejar que Dios se encargara.” Nuestras vidas siempre habían sido definidas por nuestros logros como resultado de nuestras ganas y determinación. Fue en el momento donde mas rotos estábamos que por fin nos sentimos mas completos como pareja. Durante todo este procesos fuimos recordados de Proverbios 3:5-6:

Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas.”

Acerca de Christian A. Zapata

Christian A. Zapata es un trabajador social clínico licenciado con una maestría de Jane Adams College of Social Work. Christian terminó sus programas de entrenamiento post-grado en el Chicago Center for Family Health in Marriage and Family Systems Therapy al igual que del Illinois Child-Parent Psychotherapy Learning Collaborative a través del Erickson Institute in Child-Parent Psychotherapy. Cristian cuenta con más de 13 años de experiencia proveyendo servicios terapéuticos multi-culturales a niños, adolescentes y adultos. El Sr. Zapata actualmente trabaja como Supervisor de Trabajo Social para el Friedman Place donde se encarga de los programas y provee servicios terapéuticos a adultos ciegos o con vista deteriorada.

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30 días con devocionales

Este recurso puede ayudarte y a tu familia tener en encuentro con las Escrituras y hacer conexiones más profundas con Dios y con tu familia. Fue escrito para ser usado durante el mes de junio, sin embargo, ustedes pueden usarlo en cualquier momento. Sugerimos que comiencen un viernes con el Día 1 porque algunas actividades están diseñadas para el fin de semana y la adoración del domingo. ¡Que Dios los bendiga!

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Matrimonio y Migrañas

Matrimonio y Migrañas

Por Judy Oates & Steve Holt

Desperté con una terrible migraña, una de las peores.

“No, hoy no Señor, ¡es mi aniversario!
Por supuesto que tú lo sabes, pero ¡por favor Dios!
Steve merece pasar un buen día. AMBOS lo merecemos Señor, ¿o no?
Una noche divertida fuera de casa… una tarde íntima juntos.
Por favor, Señor, quítame este dolor.”

Steve me trajo café y flores. Con un beso, me deseó un feliz aniversario. No mostró ni una señal de decepción a causa de mi malestar y la posibilidad de que no pudiéramos celebrar como habíamos planeado. Y este era un aniversario importante. Era como nuestro primer aniversario y el décimo tercero, aunque en realidad era el doceavo. Ambos habíamos estado casados anteriormente, así que nuestro tiempo de casados combinados era de 30 años. Nuestro matrimonio era de 12 años en este punto, pero habíamos tenido un contratiempo grande el año pasado. Pasamos tiempos muy difíciles lidiando con el dolor de la infidelidad y la sanación que solo Dios puede dar. Literalmente, mi esposo estaba mudando sus cosas de nueva cuenta a nuestra casa esa semana. Era un nuevo comienzo para nosotros, uno bendecido por una gran sabiduría otorgada por Dios.

Las cosas no comenzaron de manera fácil para nosotros. El sabía que yo padecía de migraña crónica diariamente, lo que en realidad eran 15 días o más al mes, siendo ese número de migrañas las que tengo cada mes. Toda la vida había sido plagada con migrañas, la primera me fue diagnosticada a los 5 años. A medida que fui creciendo, fueron empeorando progresivamente. Me acababan de diagnosticar con una condición cardiaca, así que también inicié un tratamiento para el corazón. Con ello, mi cuerpo pasó por muchos cambios y todo empeoró. A medida que pasaban los años, aumentaron mis problemas físicos. Él se convirtió más en mi cuidador que esposo o amante. Por mi bien, Steve se jubiló temprano para apoyarme emocional y físicamente, y para asistirme durante los viajes alrededor del país en búsqueda de ayuda médica – los viajes consumían mucho de nuestro tiempo y energía, y nos dejaba drenados, agotados… y eso sin considerar los efectos secundarios de los medicamentos.

Al tiempo que Steve se convirtió en mi cuidador más que mi esposo, ambos comenzamos a reconocer que nuestros roles estaban cambiando – pero cuando nos dimos cuenta, ya estábamos peleando mucho y no sabíamos cómo arreglar el caos en el que estábamos metidos. Culpábamos a todo lo que tenía que ver con mi salud, pero la verdad es, que los problemas estaban enraizados más allá. Nuestra comunicación era pobre y ya no orábamos juntos. Afortunadamente, Dios nos conocía mejor de lo que nosotros mismos nos conocíamos – y tenía un plan para ayudarnos.

Lo primero que pasa por mi mente cuando me preguntan sobre el matrimonio y la oración, es que no podríamos tener uno sin el otro. No se me ocurre una sola razón para siquiera pensar en intentarlo. Tenemos un Padre amoroso que nos conoce y ama completamente, Él quiere lo mejor para nosotros como personas y en nuestros matrimonios y Él nos conoce mejor que nosotros mismos. Él tiene un plan para nuestro futuro y tiene el poder, la sabiduría y la fortaleza para ver ese plan realizado. Él tiene la habilidad de hacer que las cosas funcionen para nuestro bien sin importar nuestra cual sea nuestra percepción. Él nos guiará con su paz (o por nuestra falta de) si solo nos damos la oportunidad de tener una relación con El – y hacemos eso al pedir su perdón por nuestros pecados, estableciendo una relación con El y aprendiendo más sobre El a través del estudio Bíblico y hablándole o, en otras palabras, por medio de la oración.

Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados.

1 Pedro 4:8

Acerca de Elsie & John Radke

John y Elsie tienen 15 años de casados. Son padres de seis hijos adultos y abuelos de 4 hermosos nietos. John tiene su propio negocio y Elsie está jubilada de su trabajo como ministra de familia por casi 20 años. Disfrutan viajar, salir a cenar, cuidar a sus nietos y la compañía el uno del otro.

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Un Dios de Segundas Oportunidades

Un Dios de Segundas Oportunidades

Por Elsie y John Radke

El matrimonio para toda la vida es una expectativa que todas las parejas recién casadas comparten. Aunque los desafíos del matrimonio y la familia aun están por presentarse ante los recién casados, enfrentarán estos asuntos juntos con la esperanza de un final feliz. Desafortunadamente, esto no funciona para todas las parejas. Ambos, John y yo, nos habíamos casado con la clara intención de que durara para siempre. Pero no fue así.

Los efectos del alcoholismo y de enfermedad mental impactaron nuestros matrimonios anteriores de tal manera que no nos permitieron permanecer en nuestro respectivo matrimonio. La decisión de terminar cada matrimonio fue una llena de tormento, dudas y tristeza extrema. ¿A dónde habían partido el amor y el respeto? Porqué permitimos que desaparecieran y nos forzaron a tomar decisiones que rompieron nuestros corazones.  Los hijos que compartimos con nuestros ex esposos ahora se encontraban viviendo en dos mundos, como resultado de relaciones no saludables e incertidumbre financiera. No era el sueño que ninguno de los dos teníamos para nuestra familia.

Como padres divorciados, aprendimos a navegar las aguas turbias de ser padres solteros. En ciertas maneras, la vida se tornó más tranquila, pero también estaba falta de la intimidad profunda con otro adulto. Ocho años después de mi divorcio, y dos años después del de John, nos conocimos en un entrenamiento de liderazgo para el Ministerio de Divorcio de nuestra iglesia. Sin buscar una relación, pasaron algunos meses antes de que nos diéramos la oportunidad de salir juntos. Solo después de varias semanas de salidas fue que comenzamos a entender que estábamos iniciando una relación. Fue mi hijo de 15 años el que me dijo que ahora ya tenía novio. Fue raro, pues esto no figuraba de ninguna manera en mis planes.

Después de tres o cuatro meses de vernos varias veces por semana, comencé a pensar que era muy complicado ser madre de tres adolescentes y sostener una relación con este hombre. Así que me reuní con mi director spiritual y le hablé de mis preocupaciones.  Le dije que quería terminar la relación y mantener las cosas de mi vida sin complicaciones. Ella me vio directamente a los ojos y me desafió preguntando por qué me sentía de esa manera si obviamente lo pasaba muy bien con este hombre. Yo le hice una lista de excusas y ella gentilmente me tomó de la mano y me dijo, “¿Porqué crees que no eres digna de amar a este hombre?” Yo sentí mis lágrimas rodar al escuchar esa verdad que me dolía. Me pidió que dejara de pensarlo demasiado y que permitiera que Dios trabajara en nuestras vidas. Yo estaba demasiado reacia. Además de que aún me estaba castigando por el divorcio.

Pensé en lo que me dijo. Le pedí a Dios que me ayudara a recibir ese amor si era lo mejor para los dos. A su tiempo, eso fue lo que sucedió. Después de un año y medio de noviazgo, nos comprometimos y nos casamos seis meses más tarde.  Tuvimos una segunda oportunidad para amar y tener un buen matrimonio. Dios claramente estaba en el centro de nuestra relación y ambos confiamos el uno en el otro y en El.

Entre los dos, tenemos 6 hijos jóvenes adultos y sabíamos que nuestra decisión de casarnos podría ser un desafío para ellos. Ellos firmemente nos dijeron que no seríamos como la familia de la serie de TV, “The Brady Bunch.”  Decidimos casarnos en la capilla de un orfanatorio que apoyamos en Miatcatlán, México, cerca de Cuernavaca. Juntamos nuestros recursos y nos fuimos con nuestros hijos a México. Conocimos el área, pasamos tiempo con los pequeños del orfanato y celebramos nuestra boda en la capilla rodeados de nuestros hijos, algunos amigos y muchos de los 850 huérfanos que viven ahí. Fue hermoso y memorable para todos nosotros.

Habiendo celebrado nuestro 15 aniversario, nos sentimos muy agradecidos de estar juntos. Nuestros hijos respetan el matrimonio que hemos modelado para ellos. No ha sido fácil, pero cuando Dios es el centro de la relación, el éxito es mejor. Somos muy bendecidos.

Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados.

1 Pedro 4:8

Acerca de Elsie & John Radke

John y Elsie tienen 15 años de casados. Son padres de seis hijos adultos y abuelos de 4 hermosos nietos. John tiene su propio negocio y Elsie está jubilada de su trabajo como ministra de familia por casi 20 años. Disfrutan viajar, salir a cenar, cuidar a sus nietos y la compañía el uno del otro.

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Hábitos: Lo bueno, lo malo y lo feo

Hábitos: Lo bueno, lo malo y lo feo

por
Eva Fleming

Me tomó mucho tiempo comenzar a levantarme temprano por la mañana, ponerme mis tennis y manejar directo al parque para mi caminata diaria de tres millas. Tengo que ser honesta, al principio tuve que dedicar mucha energía mental para establecer este hábito, pero cada día se me hacía más fácil y ahora cuando está lloviendo o tengo una cita muy temprano en la mañana se me hace difícil ajustar mi cerebro al cambio de actividad. Comencé a establecer este hábito cuando mis hijos eran bien pequeños y necesitaba tiempo a solas para ordenar mis pensamientos y encontrar energía. Luego el doctor me diagnosticó con la presión alta heredada de mi padre, y caminar era la única alternativa a la medicina.

Activamos nuestros hábitos todos los días desde el momento en el que nos levantamos hasta el momento en el que nos acostamos.

Algunos hábitos son automáticos. Nos levantamos, nos lavamos los dientes y practicamos buena higiene. Estas cosas las hacemos sin pensar.

Algunos hábitos cuestan mucho para establecer. Me gusta mucho leer. Se me facilita hacerlo por puro placer. Puedo pasar todo el día leyendo libros de cómo hacer esto y aquello y de preparar comidas saludables para mi familia, o literatura ficticia. Pero aunque esta es mi preferencia, también necesito leer por razones profesionales.  Entre los hábitos que más me ha costado desarrollar es leer literatura científica, en mi campo profesional. Pero después de acostumbrarme a hacerlo disciplinadamente, ya no lo pospongo, al contrario me deleita incluir este tipo de lectura en mi rotación diaria.

Algunos hábitos los queremos desechar. Me he propuesto mantenerme alejada del chisme. Al hacerlo, tampoco permito que personas negativas invadan mi espacio.

Los hábitos viejos son difíciles de romper. Basado en mi experiencia algo de lo que sí estoy segura es que los hábitos viejos son difíciles de romper y los nuevos son difíciles de formar. Pero por medio de la repetición de fracasos y éxitos es posible formar y mantener nuevos hábitos.

¿Por qué formar nuevos hábitos?  ¿Porqué mejor no vivir una vida libre sin ser regida por tanta disciplina? Neurocientíficos han trazado nuestros comportamientos de cambios de hábito a una parte del cerebro y el proceso de tomar decisiones a otra parte del cerebro. Pero tan pronto como los comportamientos se hacen automáticos, la parte que toma decisiones en el cerebro descansa.

Investigaciones de la Universidad de Duke han mostrado que un 40% de lo que hacemos está determinado por nuestros hábitos. ¿Te imaginas si tuvieras la capacidad de hacer ciertas tareas de forma automática sin darle tanta mente, liberando así espacio en tu cerebro para vivir de forma más productiva? Esto es lo que hacen los buenos hábitos. Los buenos hábitos diarios nos traen energía; mientras que los malos hábitos nos consumen. Esta es la realidad.

Comienza a hacer pequeños cambios hoy mismo, para que cuando cumplas 75 años de edad, puedas levantarte más saludable y feliz debido a los buenos hábitos que implementaste hoy día.

La clave de formar buenos hábitos es planear y tomar las cosas un paso a la vez. Planea lo que deseas hacer diferente, ponlo en tu calendario y cúmplete a ti mismo esa promesa. Toma pequeños pasos, fáciles de implementar, hacia la meta que te has trazado. Las personas que tratan de hacer todo en un solo día, muy raramente son exitosas. Yo comencé caminando media milla al día. Era todo lo que mi estado físico y emocional me permitían hacer en ese entonces. Poco a poco comencé a añadir unos pasos a mi caminata diaria. Tengo amigos que corren hasta 10 millas al día, los admiro, pero no los envidio. Hago lo que puedo pero insisto en ser constante.

Es más fácil alcanzar el éxito por medio de pequeños cambios diarios repetidos. Así que ya sea que desees dejar de posponer tu tarea, dejar de morderte las uñas, dejar de fumar, comer menos comidas dañinas, recurrir al chisme, o llenarte de negativismo, comienza con pequeño pasos, poco a poco, hasta que alcances el éxito.

Los hábitos tienen mucha influencia en la forma en la que pensamos, actuamos y nos sentimos. Somos el resultado y la suma de nuestros hábitos. Así que no lo pospongas más, haz una inversión en ti mismo. Tú lo vales.

¿Cuales hábitos quieres iniciar tu? ¿Cuales quieres desechar?  Cuéntanos en la sección de comentarios en la parte posterior.

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¡Esa Dichosa Discusión!

¡Esa Dichosa Discusión!

Por Eunice Reed

Mi esposo y yo compramos nuestra casa cuando teníamos 22 años de edad, gracias a la presión por parte del jefe de mi marido. Fue tan insistente que hasta nos refirió a una agende de bienes y raíces.  Le caímos tan bien a nuestra agente, que al ver que no teníamos lo suficiente para el enganche y los gastos de cierre, puso su comisión como enganche para que pudiéramos comprar la casa con la condición de que se lo pagáramos en un solo pago cuando lográramos reunir el dinero. Poco tiempo después, la compañía para la que yo trabajaba descansó a la mitad de los empleados en mi departamento.  Yo fui uno de ellos. Tiempo después, conseguí otro trabajo y logramos ahorrar el dinero que necesitábamos y pudimos pagar el préstamo a nuestra agente.  Claro que esto significaba que no habría compras de muebles en un buen tiempo.

Un día, después de una fuerte discusión con mi esposo yo estaba muy enojada. Cansada de ver una sala vacía, manejé hacia la tienda RoomsToGo y compré un juego de sala completo, incluyendo las mesas. No había hablado sobre esta compra con mi esposo y además lo pagué con una tarjeta de crédito, rompiendo la regla que nos habíamos puesto de no usar tarjetas de crédito.  Claro que, después de calmarme, ya era demasiado tarde para cancelar la compra, así que un día antes de que llegaran los muebles, muy cariñosa y amorosamente le informé a mi marido de lo ocurrido, para apaciguar el shock. Yo esperaba con gusto ver mi sala amueblada, especialmente después de esperar tanto tiempo, así que parte de mi estaba muy emocionada el día que por fin llegaron los muebles. Pero, muy pronto, me di cuenta de que habría sido buena idea medir las piezas. El juego de muebles era demasiado grande, y aunque hubiera estado bien tener un sofá gigantesco, las demás piezas estaban de más. Cada vez que lo veía, me molestaba.

Lo que Aprendí

Poco tiempo después de la llegada de nuestros muebles nuevos, mi esposo y yo salimos.  Imagínate mi reacción, cuando al regresar, descubrí las huellas negras sobre los cojines y los asientos de nuestro sofá de rayas beige y blanco. Nuestro gato se había metido a un costal de carbón y luego se le ocurrió caminar sobre mi sofá con sus patas sucias. Las manchas jamás salieron, así que cubrí el sofá con una sábana por siempre. Mi esposo – quien es una persona muy intensa – nunca me dijo nada negativo sobre mi “compra impulsiva,” al contrario, muy pacientemente programó los pagos mensuales para poder pagarla antes de que naciera nuestra primera hija.  Cada vez que quería hacer algo divertido, simplemente no podíamos porque el pago de la sala se llevaba gran parte de nuestros ingresos. Este suceso marcó para siempre nuestro matrimonio porque, aunque mi esposo se mantuvo tranquilo y nunca perdió la cabeza, yo no disfruté la monstruosidad en mi sala. Aprendí a esperar hasta que llegáramos a un común acuerdo antes de cualquier proyecto o compra importante. Ninguna discusión podría llevarme a hacer algo semejante otra vez.

Este ha sido el fondo en mi mente, mientras espero la intervención de Dios en nuestras vidas. Salmo 27:14:

Pon tu esperanza en el Señor;
ten valor, cobra ánimo;
¡pon tu esperanza en el Señor!”

Isaías 30:18b dice:

“… ¡Cuán bienaventurados son todos los que en El esperan!”

Qué difícil es esperar, pero cuánto vale la pena hacerlo.

Acerca de Erik y Eunice Reed

Erik y Eunice llevan 29 años casados y tienen 3 hijos terminando el colegio o comenzando sus carreras. Erik ha sido el Director de Tecnología para una agencia gubernamental por más de 15 años y es el fundador de DblEdge Software. Después de trabajar en automatización de oficinas, Eunice decidió quedarse en casa con sus hijos. Recientemente fundó MiPropertyValue.net y escribe un blog sobre propiedades y temas del hogar.

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“Adulting” básico: Preguntar porqué es importante

“Adulting” básico: Preguntar porqué es importante

por
Eduardo Morales

A medida que pasan los años y evaluo mi vida, me doy cuenta de que los 20’s tienen mucha influencia en cómo serán las próximas etapas de nuestra vida. ¿Porqué? Pues porque en los 20’s ocurren muchas transiciones: Pasas de la secundaria a la universidad, de la universidad a la carrera profesional, de la soltería al noviazgo, (y después, quizá como en mi caso, a la soltería una y otra vez), y después, al matrimonio y muy posiblemente viene la llegada de la cigüeña. En realidad, este es un tiempo para conocerse a fondo, ver el mundo y vivir experiencias con amistades. Estas experiencias son oportunidades únicas en la vida. Estas son las memorias que se convertirán en “aquellos buenos viejos tiempos”. Y la verdad, si no tenemos cuidado, estos años se nos pueden ir volando, a menos de que seamos intencionales al proponernos una visión y una vida con propósito.

Es tan importante tener una visión para tu vida. Sin una visión, puede que estés muy ocupado en cosas sin sentido. La idea es tener un propósito e intención en lo que haces. ¿Qué es lo que realmente quieres hacer con tu vida? ¿Porqué hago lo que hago actualmente?

Estas son preguntas que me he hecho durante tiempos de transición. Al tiempo que me pregunto y evaluo, creo que una buena pregunta para hacerse es “¿por qué?” La mayoría de nosotros, cuando éramos niños, constantemente enfadábamos a nuestros padres preguntándoles el ¿porqué? de las cosas. “¿Porqué pasa esto? ¿Porqué haces eso? ¿Porqué esto? Porqué lo otro? Sí, puede tornarse enfadoso, pero he aprendido que preguntarnos el por qué de las cosas nos permite contestar y explicarnos claramente, porqué hacemos lo que hacemos

Por varios años ya, he hecho varios trabajos a la vez, adquiriendo mucha y gran experiencia. Creo que la manera mas rápida de encontrar lo que nos gusta es tomar varios roles y descubrir qué nos gusta y qué no nos gusta. Aun más, es en estas experiencias puedes evaluar si lo que haces es algo a lo que quieres seguir dedicándote o no. Saber dónde estás parado y a dónde quieres llegar – eso es tener visión. Cuando tienes una dirección clara de a dónde quieres llegar en tu vida, tu jornada espiritual, tu matrimonio, o tu carrera, puedes determinar mejor cuales de las cosas que actualmente haces en tu vida o que se crucen por tu camino en el futuro, serán de beneficio para ti o te causarán daño.

Aquí te van algunas ideas prácticas que pueden ayudar a guiarte en el proceso de establecer una visión.

Identifica lo que te apasiona y tu manera de trabajar. Ver patrones en tu vida o intereses que coinciden y asesoras tus habilidades, puede ser una buena mezcla de información que ayude a guiarte en cuanto en qué quieres invertir tu vida los siguientes años. ¿En qué eres bueno? ¿En qué no eres tan bueno? ¿Cual es tu historia? ¿Existen asignaciones en las que te encuentras continuamente o a las que te postulan tus compañeros? Utiliza estas preguntas como guía para desarrollar tu visión.

Tómate el tiempo para respirar. Una pregunta común en entrevistas es ¿Dónde te ves en 5 años? A veces estamos tan ocupados trabajando en el día a día que perdemos el enfoque de porqué nos dedicamos a esto desde el principio. Es importante tomarse el tiempo para recordar y reenfocarse, de lo contario, será muy fácil desgastarnos y quemarnos. Mas allá de esto, podríamos encontrarnos en un momento donde hemos perdido la visión.

¡Escríbelo! Creo firmemente que somos más aptos a seguir con una meta hasta el final o con una idea cuando la escribimos y la mantenemos a la vista. Así como las escrituras, si la grabamos en nuestros corazones, si la meditamos día y noche, se convertirá en parte de nuestro ser. La realidad es que solemos olvidar, y cuando olvidamos perdemos el enfoque. Tener un recordatorio visual nos mantiene enfocados y nos ayuda a combatir el olvido.

Haz la pregunta del millón, ¿Porqué? Hazte (y pide a aquellos cercanos a ti que te hagan), las preguntas difíciles. No se trata siempre de encontrar consejo u opinión, sino de permitir a mentores, o a tu red de apoyo, que te hagan preguntas que te pongan a pensar y te permitan ver las cosas desde otra perspectiva. Todos tienen una opinión y consejo que dar. Además, puedes buscar a tu alrededor hasta encontrar a quien reúna todo lo que buscas y aun así, no siempre es lo mejor.

Cuando pienses en dejar huella en tu cultura, tu mundo, tu iglesia, tu vecindario, tu familia, comienza con una visión. Aprender más sobre ti, tus habilidades, tus pasiones, puede ayudar a guiarte a entender tu propósito. Cuando empiezas a vivir tu propósito, eso te llena de confianza, porque estás en tu elemento. Tomar el tiempo para procesar por ti mismo, en todas la áreas en las que estas involucrado, te ayudará a desarrollar una visión. Así que vuélvete como un niño pequeño por un momento y pregúntate los “¿Porqués?” Creo que te encontrarás desarrollando un estilo de toma de decisiones que será más visionario, que circunstancial.

¿Tienes una visión y propósito para tu vida? Comparte con nosotros tu experiencia en la sección de comentarios en la parte posterior.

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Cómo Amar a su Pareja, aun en su Peor Momento

Cómo Amar a su Pareja, aun en su Peor Momento

por
Dr. Charles y Elizabeth Woehr

Hay una película vaquera protagonizada por Clint Eastwood, titulada: El Bueno, El Malo y El Feo. Bueno, los humanos podemos ser así. De hecho, en cada persona, aun en usted y en su pareja, existe el potencial en algún momento de su vida, de exhibir acciones o actitudes que podrían clasificarlos como buenos, malos, y ¡hasta feos! Es muy fácil querer a una pareja cuando demuestra su lado bueno. Es un poco más difícil hacerlo cuando demuestra su lado malo. Es aun más, más difícil amar a una pareja que está mostrando su lado feo – en su peor momento.

Para poder AMAR a su pareja durante sus peores momentos, usted debe desarrollar, desde el principio de su relación, una base sólida. Aquí le damos los cuatro elementos que debe integrar a esa base, y que le prepararán para AMAR en todo tipo de situaciones:

 

A – Abra su corazón y sus sentimientos ante su esposo(a). Esto ayuda a crear lazos de intimidad que los sostendrán en los tiempos difíciles.

M – Mantenga su mirada en el largo plazo y no solamente en lo inmediato. Es fácil desanimarse por algo temporal o pasajero, pero si su perspectiva es a largo plazo puede recordar los buenos tiempos pasados y esperar tener muchos más en el futuro, una vez superado lo inmediato.

A – Aprecie las áreas de fortaleza que cada no tiene, sus habilidades, sus dones, sus fuerzas de carácter. Estos elementos serán clave en resistir los tiempos de desencuentro, pues aportarán lo que se necesita para seguir adelante hasta encontrar la solución a lo que venga.

R – Ría con frecuencia con su pareja. El buen humor es importante para recobrar el acercamiento.

 

¿Quiere amar a su pareja en su peor momento? Comience a amarle en su mejor faceta y ponga a trabajar el A.M.A.R a su favor, al tiempo que se prepara para sobrellevar hasta las tormentas mas fuertes que inevitablemente vendrán en el mar de la vida como pareja. Después, durante su jornada por la vida, mientras reflexiona ante los momentos difíciles que hayan pasado, ¡se sentirá muy feliz de haberlo hecho!

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Las Memorias que No Desvanecerán

Las Memorias que No Desvanecerán

por
Dr. James Hommowun

Esta semana, quien fuera mi compañero de departamento en el colegio vino a la ciudad a ver a su familia y pasó a mi casa a visitarnos una tarde. Después de 20 minutos de ponernos al día junto con mi esposa y mis entusiasmadas hijas, la mayor de mis hijas corrió al cuarto de al lado a tomar una tableta y regresó y le preguntó ¿Quieres jugar ajedrez? Me pasé media hora viendo a mi viejo amigo (quien es tan listo como yo) casi perder su primer juego de ajedrez ante mi hija –  en sus propias palabras, solo se salvó porque ella le mostró un error que él estaba cometiendo y fue entonces que pudo cambiar su suerte.

Quizá deba mencionar que mi viejo amigo es un brillante diseñador de video juegos y sabe más sobre la historia y el desarrollo del ajedrez y sus variantes que yo jamás pueda siquiera pensar en igualar.

No hace falta decir, que me sentí increíblemente orgulloso de mi hija. Y conste que yo no la preparé para que lo retara, ni tampoco hubiera esperado que estuviera tan cerca de ganar ante otro adulto experto. (Quizá debí hacerlo pues apenas la semana pasada me ganó a mí, pero obviamente no puse suficiente atención.)  Pero la razón por la cual viví esta gran experiencia es porque el año pasado me tomé el tiempo para enseñarle a mi hija a jugar ajedrez y pasé tiempo jugando con ella. Ella lo aprendió, siguió practicando – y la verdad es que cada día se pone mejor al derrotar a sus contrincantes de computación más débiles en la tableta, y le entusiasma participar en el club de ajedrez de la biblioteca este verano como una de las jugadoras más jóvenes – ha excedido en muchas ocasiones el poco esfuerzo que yo puse al principio – el “esfuerzo” de divertirme con mi hija.

Nos ocupamos tanto en el día a día que perdemos la noción del tiempo que pasamos (o no pasamos) con la gente más cercana a nosotros, la gente que vemos diariamente – y esta falta pasiva de negligencia no intencional (no estamos tratando de no pasar tiempo con nuestros hijos, es solo que estamos atendiendo otros asuntos que demandan de nuestro tiempo) está teniendo el impacto más grande en las personas más chiquitas. Los niños prosperanante la interacción con sus padres, aman lo que nosotros amamos y quieren desesperadamente ser como nosotros, pero tenemos que darles hasta el más mínimo ánimo y ellos florecerán rápidamente ante nuestra mirada.

¿Si yo no hubiese pasado tiempo jugando con mi hija, hubiera podido contestar a más e-mails? ¿Darle “like” a más publicaciones en Facebook? ¿Hubiera visto un episodio más de Velvet en Netflix? ¿Hubiera terminado otro capítulo de mi libro? Claro que pude hacerlo. ¿Recordaré todo eso en un año? Lo más probable es que no. ¿Recordaré el brillo en los ojos de mi hija y la alegría genuina de mi compañero al jugar con ella – algo que sucedió solo porque yo había jugado con ella antes? Absolutamente. Probablemente por el resto de mi vida.

Sabemos que encontrar el tiempo y balancear todas las tareas que tenemos los padres es difícil – es otro trabajo de tiempo completo encima del trabajo que ya tenemos, y el horario es de 24/7. Por esta razón, Lazos de Familia lleva a cabo una serie de podcasts cortos que ayudan a padres jóvenes (y no tan jóvenes) para que puedan lidiar con los desafíos que todos enfrentamos – sabemos que la cosa está difícil, pero no tienen que enfrentarlo solos. Te invitamos a darle un vistazo a nuestro podcast, The Struggle is Real, o a descargar la app de Familia Bridges disponible en Apple Store y Google Play para obtener tips prácticos de cómo deshacerte de los quita-tiempos que no recordarás y cómo hacer el tiempo para las memorias que nunca desvanecerán.  Tómate el tiempo de jugar con tus hijos – ajedrez, béisbol, lotería, a las muñecas, el juego no importa. Quizá te sentirás ridículo, abrumado, o se te hará difícil enfocarte – pero las recompensas son increíbles, y llegarán cuando menos las esperes, y esos son los momentos que valen la pena vivir.

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Los Beneficios de Desconectarse para Conectarse

Los Beneficios de Desconectarse para Conectarse

por
Damaris Bran

Cuando mi hijo Jeremy tenía 3 años, mi esposo y yo aprendimos una valiosa lección a través de la consejería matrimonial respecto al uso de la tecnología y la dinámica familiar. Decidimos intencionalmente no usar la tecnología durante la hora de la cena con la sola intención de promover la comunicación entre nosotros. Sin pensarlo dos veces, incluimos a nuestro hijo en esta dinámica. No les voy a negar que, al principio, por malos hábitos que habíamos adquirido cuando nos casamos, nos costó mucho respetar esa regla y romper con el mal hábito, pero con el tiempo se convirtió en el mejor momento de nuestro día. Cinco años más tarde, nació nuestra segunda hija Rebeca y naturalmente se integró a nuestra regla y ya cultura familiar.

Hoy día mis hijos ya son adolescentes y hasta el sol de hoy ambos respetan profundamente la regla de “no tecnología durante la cena”. Ellos son adolescentes como cualquier otro, con sus celulares a donde quiera que van. Los usan con frecuencia y en ocasiones hasta se los hemos tenido que quitar porque no cumplieron con alguna responsabilidad importante. Pero la diferencia entre ellos y muchos chicos en los Estados Unidos es que ellos han aprendido a mantener la conexión humana con la familia y amigos.  Ambos son muy verbales con sus sentimientos y comparten todas las cosas que les han pasado durante el día. Muchas de esas pláticas son profundas y tienen que ver con la oportunidad que mi esposo y yo tenemos de guiarlos por la vida. ¿Cómo hemos logrado tener dos adolescentes tan saludables a la hora de conectarse emocionalmente? Siguiendo una simple regla, separar por lo menos una hora al día intencionalmente para habla y compartir sin ningún tipo de tecnología que nos interrumpa.

La tecnología representa una amenaza en la salud mental de nuestros hijos. Hay estudios que sugieren que hoy experimentamos un fenómeno llamado“adicción a internet”. El problema que se presenta cuando los chicos se vuelven completamente dependientes de la conectividad a internet y que incluso puede llevarlos a tener síntomas de angustia, ansiedad y violencia si no tienen acceso a la red, además de generar alteraciones cerebrales similares a las que genera la adicción al alcohol y drogas. Según los especialistas, esta adicción puede llevar a las personas a sufrir de depresión, nerviosismo, irritabilidad, pánico y poco interés en convivir con otras personas. Esto puede no solo aislar a nuestros hijos de su mundo social, pero privarlos de una niñez plena.

¿Qué podemos hacer para prevenir que este fenómeno social afecte a nuestros hijos? A continuación, unos consejitos que les pueden servir:

Los padres somos el ejemplo: Las mamás y los papás modernos están familiarizados con el uso de la tecnología, más que cualquier otra generación. Por este motivo, con frecuencia se les hace difícil separarse de sus dispositivos. Cuando esté con sus niños, deje los teléfonos inteligentes a un lado y converse o juegue con ellos, entre otras cosas. Las posibilidades de hacer algo juntos sin tecnología son infinitas.

Establezca un horario fijo para usar la tecnología: Como parte de su rutina diaria, establezca periodos para el uso de los dispositivos. La Asociación Americana de Pediatría recomienda limitar el uso de tecnologías a menos de dos horas al día para niños mayores de dos años. Por otro lado, evite exponer a niños menores de dos años a cualquier tipo de pantalla.

Limite el uso durante las comidas: Comer en la mesa mejora el ambiente de unión familiar y fomenta hábitos saludables. Evite que los niños coman frente al televisor o que utilicen celulares o tabletas, pues esto les quita el apetito y el interés por la comida.

Fomente la actividad física: Cuando los adultos hablamos de ejercicio, pensamos en correr o levantar pesas. Sin embargo, en el caso de los niños hacer ejercicio significa jugar y estar físicamente activos.

Algún día sus hijos crecerán, serán adolescentes y luego adultos que levantarán el vuelo en la vida. Lo más valioso que se llevarán con ellos son los recuerdos que tendrán de su familia, que luego imitarán en la propia. Seamos padres y madres intencionales en la educación de nuestros hijos y volvamos a la tecnología una herramienta que nos ayude y facilite la vida en muchos sentidos, pero no permitamos que la tecnología nos domine y marque el paso en el que debemos educar a nuestros hijos.

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Cuando la respuesta es “No, No Ahora”

Cuando la respuesta es “No, No Ahora”

Por Peter y Heather Larson

Aprendimos una invaluable lección sobre la fidelidad de Dios al iniciar nuestra jornada como padres. Teníamos pocos años de casados y decidimos que queríamos iniciar una familia. Ambos estábamos acostumbrados a trabajar duro, a alcanzar metas, y a obtener los resultados que queríamos y esperábamos. Asumimos que el convertirnos en padres no sería diferente. Nos faltaba tanto por aprender…

No tomó mucho tiempo antes que Heather quedara embarazada y parecía que nuestro plan marchaba perfectamente. Ella comenzó a leer cada libro sobre el embarazo. Sabíamos que en nuestra primera cita médica, podríamos ver a nuestro bebé del tamaño de un cacahuate y que escucharíamos el latido de su corazón. Cuando el técnico de ultrasonido movió el aparato, encontró el saquito donde se desarrollaría el bebé, mas no el bebé. Después supimos que a esto se le llama “óvulo malogrado.” Para nosotros, solo quería decir angustia, miedo y confusión.

¡Estábamos en shock! Tanta esperanza y anticipación inmediatamente se volvieron una mezcla de emociones. Pasamos por tantas etapas de duelo, y no siempre al mismo tiempo. Al principio, Heather estaba muy enojada con Dios por permitir tal desgracia. ¿Cómo era posible que no le concediera el deseo de su corazón? Yo estaba paralizado, pero aun intentaba mantenerme esperanzado y buscando consuelo en el hecho de que muchas parejas sufren un aborto natural durante su primer embarazo.

El hecho de que no experimentábamos las mismas reacciones al mismo tiempo nos permitió levantarnos el uno al otro y crecer profundamente durante esta prueba. Desafortunadamente, la lección de que “no estamos en control” no termino ahí. Los siguientes dos años nos trajeron dos abortos más en etapa temprana y olas de desaliento que rompían como una fuerte marea. Para este tiempo, yo ya me sentía enojado con Dios, pero Heather comenzaba a experimentar la presencia de Dios y su consuelo de maneras nuevas y más profundas.

Un día en particular, Heather pensaba “Dios simplemente no sabe lo que es ser madre y perder a un hijo.” Y por supuesto, después recordó a Jesús. ¡Dios sabe lo que es perder a un hijo! Entonces comprendimos que Dios podría usar estas circunstancias para mostrarse de una manera profunda ante nosotros. Aun cuando nosotros no estamos en control, ¡El lo esta! Heather encontró al Salmo 71 como una gran fuente de esperanza. Los versos 20 y 21 resaltaron de la página y hacia su corazón, renovando su esperanza y recordándole que Dios no nos dejaría en desolación.

Has permitido que sufra muchas privaciones, pero volverás a darme vida y me levantarás de las profundidades de la tierra. Me restaurarás incluso a mayor honor y me consolarás una vez más.”

Salmo 71:20-21 (NIV)

Sobre Peter & Heather Larson

Los Larsons llevan 22 años de casados, y tienen 3 hijos (17,15 y 14). Peter es un Psicólogo Clínico licenciado, que trabaja en integración de equipos de la plataforma digital de crecimiento Gloo, y Heather es una capacitadora de matrimonios certificada del programa Hope por Focus on the Family. Juntos, han escrito cuatro libros sobre el matrimonio y la crianza de los hijos con los Arps.

Para aprender mas sobre ellos, vea www.Gloo.us, www.hoperestored.focusonthefamily.com, o www.bridewellcoaching.com

Peter&HeatherLarson
HopeInYourHands-FrontCover

30 días con devocionales

Este recurso puede ayudarte y a tu familia tener en encuentro con las Escrituras y hacer conexiones más profundas con Dios y con tu familia. Fue escrito para ser usado durante el mes de junio, sin embargo, ustedes pueden usarlo en cualquier momento. Sugerimos que comiencen un viernes con el Día 1 porque algunas actividades están diseñadas para el fin de semana y la adoración del domingo. ¡Que Dios los bendiga!

Aplicación de Lazos de Familia

¿Son los libros muy “anticuados” para ti? Esta aplicación personalizada te dará acceso a recursos para administrar tu propio desarrollo o hasta puedes hacer este trayecto con un grupo de amigos. ¿Que esperas?