Cree como un niño

Boy dressed as superhero poses in studio isolated on white background.

Cree como un niño

Por
Bill Ferrell

Cuando era niño, yo creía en muchas cosas.

Creía que un palo podría ser una espada.

Creía que una caja de cartón podría ser un auto.

Creía que Santa Claus me traería regalos.

Creía que podía volar (si lo hice en mis sueños – así que porque no hacerlo cuando estaba despierto).

Creía que mi padre me sostendría al caer de la orilla de la piscina.

Creía que mis padres me amaban.

Creía que el mundo era bueno.

Y entonces crecí.

Aprendí que no todo era como yo creía. Los palos no servían para ser armas, las cajas de cartón no se movían, la verdadera identidad de Santa Claus eran mi mamá y mi papá y yo volaba tanto como una roca cuando brincaba del techo.

Vivimos en un mundo que reta muchas de las creencias de nuestra niñez y ha contribuido, bastante, en la manera en la que vemos y entendemos el mundo.

El ambiente político actual.

El terrorismo

El racismo.

El divorcio.

El abuso físico, emocional y sexual.

La pobreza.

La decepción de lo que creímos que sería nuestra vida “cuando fuéramos grandes.”

Estas son algunas realidades que vivimos. Estas pueden influir la manera en la que vemos la vida. Pero estas no son las únicas realidades. Si esto es todo lo que vemos, estamos viendo un cuadro incompleto que distorsiona nuestra perspectiva de la realidad.

Existe la grandiosidad de un amanecer. El esplendor de compartir una comida con amigos. El milagro de una nueva vida. El abrazo apretado, al cuello, de un niño. La risa en la sobremesa con familiares. La santidad de una ceremonia matrimonial.  La conexión profunda con otro ser humano. El encanto de ver a un niño descubrir el mundo. El amor entre un hombre y una mujer.

¡El increíble amor de Dios! El amor de Dios es la realidad más grande de todas. Las profundidades en las que podemos sumergirnos el resto de nuestras vidas y nunca encontrar el fondo.

Dios que nos ama. En todos los sentidos. Quien nos amó hasta la muerte… La suya.

Cree como un niño.

En ese tiempo los discípulos se acercaron a Jesús preguntando, “¿Quién, entonces, es el más grande en el reino de los cielos?”

Mandó a traer a un niño y lo sentó alrededor de ellos. Y dijo, “En verdad les digo, solo cuando cambien y se conviertan como niños, entrarán en el reino de los cielos. Así que, quien tome la posición de este niño es el más grandioso del reino de los cielos.” Mateo 18:1-4

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