Escucha, Daniel. Escucha.

Daniel and Catalina pic with dad

Escucha, Daniel. Escucha.

Por
Sarah Pichardo

A mi sobrino Daniel, de 7 años, le encanta hablar. Y cuando digo que le encanta, quiero decir que le ENCANTA. Es increíble que una persona tan pequeñita tenga tanto que decir. Su hermanita de 3 años, Catalina, la mayor parte del tiempo lo escucha y de vez en cuando logra decir una o dos palabras durante sus conversaciones. A mí me causa mucha risa cuando los veo hablar porque me trae recuerdos de mi infancia, cuando a mi hermana le ENCANTABA hablar y yo solo me sentaba y la escuchaba y de repente, cuando me dejaba, lograba decir algo también.  Pero, en algunas ocasiones cuando ya no la aguantaba, le gritaba con todas mis fuerzas “¡Ya cállate! ¿Qué no te cansas de hablar?” Ella solo me veía con asombro, como pensando “pero qué pregunta tan tonta, claro que no me canso de hablar.”

Pero volviendo a mi sobrino. Hace poco iba a dejarlos al aeropuerto y en el camino Daniel estaba habla que habla, como siempre. De repente, guardó silencio y justo en ese momento, Catalina por fin tuvo la oportunidad de decir algo. A Daniel no le agradó la idea y le dijo que se callara porque estaba tratando de pensar. A lo que yo le respondí, “Daniel, pero si tú hablaste durante casi todo el viaje y ahora es el turno de Catalina para que hable y tu turno para escucharla.”

Es bastante obvio lo injusto que fue Daniel al no darle la oportunidad de hablar a Catalina. Pero si nos detenemos y nos ponemos a analizar nuestros propias maneras de escuchar y somos honestos con nosotros mismos, muy probablemente, nos daremos cuenta de que somos tan culpables como este niño platicador.

¿Cuántas veces hablas y hablas sobre ti, tus cosas, tus situaciones, tus pensamientos, pero cuando es el turno de la otra persona te desconectas y haces caso omiso? ¿Te aburres simplemente porque lo que dicen no es relevante a ti? ¿O en lugar de escucharles, comparas su situación con tu experiencia o les has dado consejos y/o llegas a conclusiones y juicios?

Esto, amigos, no es escuchar.

Escuchar conlleva, darle su total atención a la persona con la que se está hablando y dar crédito a lo que está diciendo. Si no escuchamos, es muy fácil malinterpretar el mensaje que se está comunicando – y esto puede causar un sinfín de situaciones.

El Dr. Ralph Nichols, conocido con “el padre del escucha”, lo resumió maravillosamente cuando dijo que “la necesidad más básica de todo ser humano es la necesidad de comprender y ser comprendido. La mejor manera de comprender a las personas es escuchándoles.”

Así como tú quieres ser comprendido, de la misma manera tu cónyuge, tus amigos, familiares y compañeros de trabajo quieren ser comprendidos. Enseñémosles que nos importan al tomarnos el tiempo para realmente escuchar lo que tienen que decir y hagamos el esfuerzo por entender de dónde vienen – sin juzgarlos.

Escuchemos y mostremos empatía.

Escuchemos y mostremos a nuestros seres queridos que nos importan.

Simplemente, escuchemos.

 

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