La pena no es compasión

Young siblings overlook a city from a hill.

La pena no es compasión

Por
Eva Fleming

Aunque mi hijo no había visto a su amigo por más de un año, cuando supo que su padre había muerto de forma inesperada, quiso ir al servicio memorial. Cuando llegamos, me alegré al ver que mi hijo y yo no fuimos los únicos deseando extender nuestras condolencias a la familia que estaba de luto ya que muchos de los otros niños en su círculo se hicieron presentes para extender sus condolencias. Mientras nos sentamos juntos en silencio durante el servicio, me di cuenta que el lenguaje de compasión no requiere traducción. Era simple, una familia a la que conocíamos y amamos, había sido afligida con la pérdida de un ser querido y sus amigos teniendo muy poco que ofrecer, se sentaron a su lado rodeándolos de amor. Algunas veces, ponernos nuestra ropa de luto y asistiendo a un servicio memorial con nuestros hijos para dar amabilidad al que está herido, es la forma más simple de mostrar compasión.

Compasión es un sentimiento profundo de simpatía por uno que ha sido tocado por la desdicha. Va acompañada por un deseo de hacer algo tangible para aliviar el sufrimiento cubriendo al que sufre con actos de amabilidad. La pena no es compasión. Pena es hacer una evaluación negativa de la situación en la que se encuentra el que sufre sin envolver las emociones u ofrecer ayuda para aliviar su situación. La pena asume que la otra persona es inferior. Por eso muchos la rechazan y expresan a voces, ¡NO ME TENGAS PENA! Sin embargo,  la compasión asume que la humanidad comparte ciertas tristezas. Es porque te sientes tan seguro de que fácilmente te puede pasar a ti, dadas unas circunstancias diferentes, que te sientes compungido cuando ves el sufrimiento.

El funeral me puso a pensar sobre cuántas veces la amabilidad nace de entre las cenizas del dolor. La amabilidad, la cual es en sí una forma de compasión, es vista como un atributo altamente valorado en una potencial pareja. Nos sentimos seguros y confortados en los brazos de un compañero amable de la misma forma en la que un niño se siente protegido en los brazos de una madre amable. Pero estos actos de amabilidad no son fortuitos o casuales. Sino que requieren que la persona transforme su  percepción del yo para poner su atención en los demás. La transformación requerida para uno poder poner su atención en los demás y no en sí es, a veces, dolorosa y requiere acciones bien planeadas, específicas y definidas. Pero el dolor inicial del cambio vale la pena porque a su tiempo esas acciones nos traerán gran satisfacción.

No son pocas las ocasiones en las cuales podemos mostrar compasión en un mundo afligido por el dolor y la pena. ¿Por qué, entonces, permitir que el corazón se consuma con las actitudes del yo en vez de permitir que el yo sea retomado mientras busca consolar a otros? Mostremos amabilidad y esperemos amabilidad de parte de las personas que amamos. Cuando nos ofendan, mostremos compasión en la forma de perdón porque nosotros también hemos ofendido y hemos deseado ser perdonados. Cuando nuestros hijos se alejen del camino, no nos demos por vencida, porque nosotros también una vez abandonamos el paso que nuestros padres nos trazaron. Cuando deseemos castigar a nuestros amigos y amados guardando nuestra conversación y afecto, vamos a detenernos porque una vez alguien nos hizo un desaire que no resultó de provecho para la relación.

La compasión no es egoísta. Al contrario, siempre da. Algunas veces el regalo es el perdón, otras, el regalo es materialy otras veces es nuestro tiempo, esfuerzo y energía. La compasión es diferente a la pena, pero no es diferente a la amabilidad. La amabilidad viene como una estrella a traer alivio al conflicto de la existencia humana.  La esperanza renace cuando el espíritu humano muestra compasión en medio del dolor. Cuando no vencemos nuestro egoísmo dándole paso a la compasión, nos convertimos en personas arrogantes que miran con desdén la desdicha del desamparado. Si no estás dando, no estás siendo compasivo; si no estás siendo compasivo, tus hijos no van a ser compasivos cuando crezcan y sin compasión la raza humana no podrá sobrevivir.

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