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Cómo Amar a su Pareja, aun en su Peor Momento

Cómo Amar a su Pareja, aun en su Peor Momento

por
Dr. Charles y Elizabeth Woehr

Hay una película vaquera protagonizada por Clint Eastwood, titulada: El Bueno, El Malo y El Feo. Bueno, los humanos podemos ser así. De hecho, en cada persona, aun en usted y en su pareja, existe el potencial en algún momento de su vida, de exhibir acciones o actitudes que podrían clasificarlos como buenos, malos, y ¡hasta feos! Es muy fácil querer a una pareja cuando demuestra su lado bueno. Es un poco más difícil hacerlo cuando demuestra su lado malo. Es aun más, más difícil amar a una pareja que está mostrando su lado feo – en su peor momento.

Para poder AMAR a su pareja durante sus peores momentos, usted debe desarrollar, desde el principio de su relación, una base sólida. Aquí le damos los cuatro elementos que debe integrar a esa base, y que le prepararán para AMAR en todo tipo de situaciones:

 

A – Abra su corazón y sus sentimientos ante su esposo(a). Esto ayuda a crear lazos de intimidad que los sostendrán en los tiempos difíciles.

M – Mantenga su mirada en el largo plazo y no solamente en lo inmediato. Es fácil desanimarse por algo temporal o pasajero, pero si su perspectiva es a largo plazo puede recordar los buenos tiempos pasados y esperar tener muchos más en el futuro, una vez superado lo inmediato.

A – Aprecie las áreas de fortaleza que cada no tiene, sus habilidades, sus dones, sus fuerzas de carácter. Estos elementos serán clave en resistir los tiempos de desencuentro, pues aportarán lo que se necesita para seguir adelante hasta encontrar la solución a lo que venga.

R – Ría con frecuencia con su pareja. El buen humor es importante para recobrar el acercamiento.

 

¿Quiere amar a su pareja en su peor momento? Comience a amarle en su mejor faceta y ponga a trabajar el A.M.A.R a su favor, al tiempo que se prepara para sobrellevar hasta las tormentas mas fuertes que inevitablemente vendrán en el mar de la vida como pareja. Después, durante su jornada por la vida, mientras reflexiona ante los momentos difíciles que hayan pasado, ¡se sentirá muy feliz de haberlo hecho!

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Sé Bondadoso con el Mundo Especialmente con tu Pareja.

Sé Bondadoso con el Mundo Especialmente con tu Pareja.

Por
Elizabeth Woehr

Este es el tiempo en que la mayoría de las personas se acuerdan de desarrollar y practicar sus características de bondadosos. Se recuerdan que hay gente necesitada, no solo en la calle, sino en su barrio. Más aun, se recuerdan de familiares cercanos en necesidad o que por razones varias han perdido el contacto con ellos; y llenos de bondad, deciden invitarlos a sus casas para celebrar las fiestas de Navidad y Fin de Año e inclusive les envían regalos como gesto de bondad.

El diccionario de la Real Academia Española define a una persona bondadosa como aquella que está llena de bondad, que tiene un genio apacible y que es bonachón, como diríamos en ciertos países.

Esta cualidad de “buena gente” o “bondadoso” a veces puede ser mal interpretada por otros quienes se “aprovechan” del “bonachón” para darle más trabajo, o llenarlo de requerimientos, etc. Debemos recordar que ser bondadoso va en relación al carácter de una persona aplicado en acciones y que en ningún momento significa una característica de debilidad.

En ocasiones, personas se encuentran demostrando más gestos bondadosos hacia los de afuera de casa. Pero debemos recordar que la práctica de la bondad comienza por la casa, con las personas más cercanas a nosotros con quienes compartimos el mismo techo. Debemos ser bondadosos, especialmente, con la persona más querida y más cercana, que es nuestro cónyuge.

Teniendo nuestro cónyuge a nuestro lado, hay un sinnúmero de maneras a través de las cuales podemos mostrar bondad diariamente, desde que despertamos hasta la hora de dormir al final del día. Entre estos gestos de bondad, especialmente, en esta época de invierno serían, ayudar a limpiar la nieve del carro, dejar los zapatos llenos de nieve en el lugar asignado, ayudar a preparar el desayuno, ofrecer pasar por el supermercado por alguna compra de último momento, expresar palabras de agradecimiento, estímulo, aprecio y mucho más.

Otro aspecto de la definición de bondad es la tendencia natural de hacer el bien. Creo que esta es muy difícil que sea natural, pues en la Biblia dice que por nuestra naturaleza pecaminosa, sabiendo hacer el bien no lo hacemos. Esto me impacta porque creo que, para ofrecer gestos de bondad, tenemos que revestirnos de amor que es el vínculo más perfecto. Amor y bondad van juntos. Si amamos a nuestro cónyuge será más fácil practicar actos bondadosos hacia el otro y, más aun, demostrar ternura y genio apacible.

Los sinónimos de bondad son: amabilidad, respeto, cortesía, suavidad, dulzura, generosidad y delicadeza; y es muy fácil mostrar estas características cuando hay amor y cuando queremos no solo ser ejemplo de nuestros hijos, sino también si queremos mantener nuestro matrimonio y aun más una familia con relaciones saludables. Al acercarse la hora de la cena, ponerse a la disponibilidad en caso que sea necesario ayudar para apresurar la cena; cuando estamos sentados a la mesa, ofrecer buscar servilletas si faltan, servir primero el jugo al otro, permitir que el otro hable y nosotros saber escuchar atentamente, recoger la mesa al terminar la cena, etc., etc.

En otras palabras, el ser bondadoso nos lleva a realizar actos de bien sin malicia alguna, sino para el bienestar de nuestro cónyuge, lo que finalmente también redunda en beneficio hacia nosotros. Demostrar bondad hacia tu cónyuge con palabras de estímulo y aprecio.

Termino haciendo énfasis en la etimología de la palabra bondad. Esta proviene del latín “bonita”, que significa buena. Ahora, medite en la siguiente pregunta. ¿Cuándo fue la última vez que tuvo una acción o actitud “bonita” hacia su cónyuge?

Si su respuesta es positiva porque ha recordado gestos bonitos hacia su cónyuge, entonces recuerde que usted también ha salido beneficiado convirtiéndose en una “bonita persona” al haber realizado una “bonita acción”.

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¡El ser bondadoso es una virtud – es parte de tu espíritu!

¡El ser bondadoso es una virtud – es parte de tu espíritu!

Por
Elsa Monroig

Todos los seres humanos nacemos con una naturaleza bondadosa y solidaria. Es maravilloso poder ver a los niños cuando juegan y, aunque estén en desacuerdo tratan de llegar a un punto medio para que todos jueguen. Otro ejemplo es cuando se le llama la atención a uno del grupo de niños, los demás no le dejan solo. A la hora de la merienda en la escuela, todos comen algo aunque alguien no haya llevado su merienda. Todos los demás le darán de lo suyo para que coma. No existen barreras ni fronteras que los niños no puedan superar; son bondadosos y solidarios.

Entonces nos debemos preguntar ¿qué pasa con el paso del tiempo que esas dos cualidades se pierden o dejan de ser una constante en los adultos?  Lamentablemente, respondemos a insumos externos que nos van lastimando y que los aceptamos como parte de la maduración y de la formación como individuos. Sin embargo, podemos pasar por el mismo proceso sin necesidad de dejar de ser bondadosos. La bondad va mucho más allá de decirlo, es parte de un estilo de vida.

Hay una narración que muy bien podemos considerar como parte de este blog. Una vez un hombre rico le entregó una canasta con basura a un hombre pobre, el hombre pobre sonrió y corrió con la canasta, la vació, la lavó, la llenó de flores y se la dio de regreso. El hombre rico se asombró y le preguntó: ¿por qué me ha dado flores, si yo le di basura? El hombre pobre dijo: “porque cada uno da lo que tiene en el corazón”.

¿Qué le parece? ¿Alguna vez se ha puesto a pensar en el mensaje que dio el hombre pobre al rico? ¿Lo puede aplicar en su vida? Probablemente, nunca ha pensado en el sinnúmero de veces que ha tenido la oportunidad de demostrar cuán bondadoso es y no la ha aprovechado. El ser bondadoso le abre puertas, le ofrece oportunidades, le extiende su cabaña mucho más allá de lo que piensa.

Siempre es más provechoso hacer el bien que albergar o promover el mal. Dice Albert Einstein que el mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellos que permiten la maldad. Nunca abra las puertas de su corazón a lo malo, abra los portones de su vida a hacer lo bueno. No diga que es bondadoso, predíquelo con las acciones de su vida.

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Trata a los demás como quieres que te traten

Trata a los demás como quieres que te traten

Por
Eva Fleming

La frase de Charles Darwin originada de sus teorías de la evolución sobre “la preservación del fuerte” ha tomado un significado diferente al que su autor le había previsto originalmente. En estos días esta frase significa que para llegar a la cima hay que arañar y aprovecharse de los demás sin tomar en cuenta el bienestar del hombre común. Buscar nuestros intereses y poner como prioridad nuestras necesidades, al detrimento del otro, se ha convertido en la estrategia aceptada de sobrevivencia  del siglo 21. Algunas veces nuestra manipulación para alcanzar el éxito es un acto manifiesto y, otras veces, lo encubrimos como si fuera un juego estratégico de ajedrez.

Está en nuestra naturaleza aterrorizarnos cuando vemos que estamos perdiendo alguna ventaja y  buscar el éxito usando cualquier método imaginable porque después de todo “solo los fuertes con un gran deseo de sobrevivir y con la habilidad de adaptarse pueden ser exitosos”. Pero si estás sintiendo ese impulso de destruir a los demás para preservar a tu ego, te pido que escuches las palabras de Mignon McLaughlin cuando dijo, “No seas tú mismo. Se una persona un poco más amable.”

El éxito y la habilidad de sobrevivir en el mundo salvaje no son análogos al éxito en tus relaciones interpersonales. Porque no es cuando eres el más ligero, ni el más fuerte, ni el más inteligente que tus relaciones sobreviven, sino cuando eres amable.

Antes de que comiences a pensar que no puedes ser amable porque esto implica un tipo de bondad que no posees, permíteme recordarte que la amabilidad no está limitada a hacer algo bueno por alguien, sino, más específicamente, a hacer el bien por ese alguien.  Barry Corey en su libro, Amando la Amabilidad nos recuerda que la amabilidad es feroz,no es tímida o frágil. La verdadera amabilidad es valiente e intrépida.  Si tú le lavas la ropa a tus hijos estás haciendo algo bueno para agradarlos a ellos, pero si les enseñas paciente y consistentemente a lavar su propia ropa, les estás haciendo un bien. La verdadera amabilidad busca su bienestar, su independencia y su sentido de logro personal sobre el mero deseo de agradar. En otras palabras, la verdadera amabilidad busca un bien eterno sobre un acto efímero.

Pero existe otro aspecto que debemos examinar.  El arte de actuar civilizada y decentemente hacia los demás es un aspecto de la amabilidad que vale la pena explorar. Es fácil dejarnos llevar por el mal humor y apuntar el dedo, criticar y llamar a rendir cuentas a todos los que no están de acuerdo con nosotros. Sabemos poner a alguien en su lugar y pasar horas interminables discutiendo e insultando a los que no están de acuerdo con nosotros. Pero toma mucho más valentía pararnos con compasión al lado de las personas con las que no estamos de acuerdo.

La amabilidad también es buena para la salud personal. Como la mayoría de los antidepresivos médicos, la amabilidad estimula la producción de serotonina, unos neurotransmisores que sanan las heridas, nos calman y nos traen felicidad. Además, cuando somos amables, producimos endorfinas, las aspirinas naturales que el cerebro produce. Las personas compasivas también tienen un 23% menos de cortisol, la hormona que produce estrés.

Así que, olvídate de la preservación del fuerte y mejor busca ser amable. Es bueno para la salud mental y también para nuestros hijos, hijas, amigos, esposo o esposa que necesitan; desesperadamente, que hagas la diferencia en sus vidas.  Busca tratar a los demás como quieres que ellos te traten a ti.

Piensa en las palabras del proverbio, “hay quienes reparten y le es añadido más y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado.” Deja de retener y permite que la amabilidad te traiga satisfacción. Porque contrario a la teoría de Darwin, es solo cuando compartes tu vida que lograrás encontrarla.

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La pena no es compasión

La pena no es compasión

Por
Eva Fleming

Aunque mi hijo no había visto a su amigo por más de un año, cuando supo que su padre había muerto de forma inesperada, quiso ir al servicio memorial. Cuando llegamos, me alegré al ver que mi hijo y yo no fuimos los únicos deseando extender nuestras condolencias a la familia que estaba de luto ya que muchos de los otros niños en su círculo se hicieron presentes para extender sus condolencias. Mientras nos sentamos juntos en silencio durante el servicio, me di cuenta que el lenguaje de compasión no requiere traducción. Era simple, una familia a la que conocíamos y amamos, había sido afligida con la pérdida de un ser querido y sus amigos teniendo muy poco que ofrecer, se sentaron a su lado rodeándolos de amor. Algunas veces, ponernos nuestra ropa de luto y asistiendo a un servicio memorial con nuestros hijos para dar amabilidad al que está herido, es la forma más simple de mostrar compasión.

Compasión es un sentimiento profundo de simpatía por uno que ha sido tocado por la desdicha. Va acompañada por un deseo de hacer algo tangible para aliviar el sufrimiento cubriendo al que sufre con actos de amabilidad. La pena no es compasión. Pena es hacer una evaluación negativa de la situación en la que se encuentra el que sufre sin envolver las emociones u ofrecer ayuda para aliviar su situación. La pena asume que la otra persona es inferior. Por eso muchos la rechazan y expresan a voces, ¡NO ME TENGAS PENA! Sin embargo,  la compasión asume que la humanidad comparte ciertas tristezas. Es porque te sientes tan seguro de que fácilmente te puede pasar a ti, dadas unas circunstancias diferentes, que te sientes compungido cuando ves el sufrimiento.

El funeral me puso a pensar sobre cuántas veces la amabilidad nace de entre las cenizas del dolor. La amabilidad, la cual es en sí una forma de compasión, es vista como un atributo altamente valorado en una potencial pareja. Nos sentimos seguros y confortados en los brazos de un compañero amable de la misma forma en la que un niño se siente protegido en los brazos de una madre amable. Pero estos actos de amabilidad no son fortuitos o casuales. Sino que requieren que la persona transforme su  percepción del yo para poner su atención en los demás. La transformación requerida para uno poder poner su atención en los demás y no en sí es, a veces, dolorosa y requiere acciones bien planeadas, específicas y definidas. Pero el dolor inicial del cambio vale la pena porque a su tiempo esas acciones nos traerán gran satisfacción.

No son pocas las ocasiones en las cuales podemos mostrar compasión en un mundo afligido por el dolor y la pena. ¿Por qué, entonces, permitir que el corazón se consuma con las actitudes del yo en vez de permitir que el yo sea retomado mientras busca consolar a otros? Mostremos amabilidad y esperemos amabilidad de parte de las personas que amamos. Cuando nos ofendan, mostremos compasión en la forma de perdón porque nosotros también hemos ofendido y hemos deseado ser perdonados. Cuando nuestros hijos se alejen del camino, no nos demos por vencida, porque nosotros también una vez abandonamos el paso que nuestros padres nos trazaron. Cuando deseemos castigar a nuestros amigos y amados guardando nuestra conversación y afecto, vamos a detenernos porque una vez alguien nos hizo un desaire que no resultó de provecho para la relación.

La compasión no es egoísta. Al contrario, siempre da. Algunas veces el regalo es el perdón, otras, el regalo es materialy otras veces es nuestro tiempo, esfuerzo y energía. La compasión es diferente a la pena, pero no es diferente a la amabilidad. La amabilidad viene como una estrella a traer alivio al conflicto de la existencia humana.  La esperanza renace cuando el espíritu humano muestra compasión en medio del dolor. Cuando no vencemos nuestro egoísmo dándole paso a la compasión, nos convertimos en personas arrogantes que miran con desdén la desdicha del desamparado. Si no estás dando, no estás siendo compasivo; si no estás siendo compasivo, tus hijos no van a ser compasivos cuando crezcan y sin compasión la raza humana no podrá sobrevivir.

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Ponte en sus zapatos

Ponte en sus zapatos

Por
Elsa Monroig

“La empatía es presencia completa a lo que está vivo en otra persona en el momento presente”. John Cunningham

Ponerse en los zapatos de otros es un acto que requiere mucho de la voluntad del que lo pretende.  Es dar un paso hacia adelante mirando con los ojos de otro, escuchando con los oídos de otros y sintiendo con el corazón de otro. Es un acto sublime. Es lo que experimentan la madre y su hijo/a recién nacido/a. Son las palpitaciones de sus corazones y el ritmo establecido por ambos lo que logra llegar a acuerdos para satisfacer todas las necesidades de esta nueva persona.

Lamentablemente, los seres humanos somos más dados a criticar, a juzgar y a señalar; que a ser empáticos.  Cuando nos ponemos en los zapatos de los otros, es como mirarnos en un espejo en algún momento de nuestra vida. Es una reflexión instantánea de quiénes somos como persona. Nos invita a realizar obras que perduren por los tiempos, más allá de las edades.

Como bien dice Cunningham, la empatía trabaja con el presente, el aquí y ahora. No hay mucho tiempo para posponer las cosas, el ponerme en sus zapatos es urgente.  Siempre que pienso en el otro primero y actúo a su favor, soy una persona bendecida porque soy retribuida de favores; primero de parte de Dios y luego de los que me rodean. Esto, en ninguna manera, quiere decir que vas a vivir la vida de los otros; lo que quiere decir es que los vas a entender en su situación presente y le puedes prestar algún tipo de ayuda. Enjugar las lágrimas de alguien que sufre y reírme a carcajadas con alguien que está feliz, es una gran experiencia porque puedo disfrutar de la vida con los seres que me rodean, tal y cual la vida misma es.

Siempre recuerdo un dicho de mi abuela: “nos decía que nadie sabe lo que hay en la olla, sino la cuchara que lo mueve”, para dejarnos saber que no existía razón alguna para juzgar antes de escuchar, observar y ser empáticos. Definitivamente, ponernos en los zapatos de otros es un gran reto, pero también es un gran logro para quienes lo alcanzamos.

El modelo de empatía por excelencia lo vemos en la figura de Jesús, durante su ministerio en la tierra. Siempre estuvo atento a las necesidades de todos y les enseñaba de acuerdo a sus respectivas experiencias. Y su obra monumental de empatía fue ponerse en nuestro lugar en la cruenta cruz.

La vida está plagada de situaciones y experiencias que, tal vez, hacen mucho daño y otras que son todo lo opuesto; pero indistintamente del tipo, es ponerse en el lugar del otro tratar de entender su experiencia. Ponte sus zapatos.

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Cuatro consejos para enseñarles a nuestros hijos a ser agradecidos

Cuatro consejos para enseñarles a nuestros hijos a ser agradecidos

Por
Damaris Bran

Mientras cenábamos, mi hija de 11 años me dijo, “mami necesito un teléfono celular, estaba pensando en el IPhone 6, pero el IPhone 7 también me gusta.” Su declaración me causó gracia y aunque la respuesta acelerada en mi mente dicto un rotundo “NO”, tomé la oportunidad para ensañarle un principio de finanzas básico y le dije ¿necesitas un teléfono o quieres un teléfono? “Necesito!” me contestó con una fuerte convicción. La cena terminó con una buena conversación en donde hablamos de la diferencia entre el “quiero” y el “necesito.”

Los padres, muchas veces, nos preguntamos confundidos: “¿Por qué mis hijos no están felices con lo que tienen?”; “¿Por qué tienen esta incesante necesidad de tener más?”; “¿Por qué son tan malagradecidos?”. Querer y desear cosas es una característica humana. Tenemos impulsos básicos y uno de ellos es el de adquirir. Este es el que causa que seamos curiosos sobre nuestro mundo; alimenta nuestras ambiciones y nos hace ser apasionados por la vida. Pero si dejamos a este impulso solo y no hacemos ningún intento por controlarlo, puede llevarnos a sentir infelicidad y falta de satisfacción en la vida. Esto es lo que vemos en nuestros hijos: el impulso de adquirir en su forma más pura. Nuestra labor como padres es canalizar sus deseos dándoles un balance a través de no darles todo lo que piden sin olvidar la mera responsabilidad de cubrir sus necesidades básicas.

¿Cómo podemos lograr este balance en la vida de nuestros hijos pequeños y adolescentes? A continuación, daré cuatro consejos que les ayudarán a enseñarle a sus hijos cómo ser agradecidos.

Enséñeles el valor del dinero

Una manera práctica y al alcance para enseñarles a sus hijos el valor del dinero es llevándolos con usted a hacer la compra y señalándoles el precio de las cosas; así irán asimilando los conceptos caro y barato. Si sus hijos están ya en la pre adolescencia y la adolescencia usted pude involucrarlos en crear el presupuesto del mes, donde ellos pueden ver el costo de la renta, comida, autos, escuela, etc. En estas edades también puede darles una cantidad de dinero en efectivo que ellos puedan presupuestar para gastar durante la semana. Explícales que deben gastar este dinero primero en las cosas más necesarias.  Si se acaban el dinero antes de tiempo, no se lo reponga, así la próxima vez que usted les de dinero lo usarán con más sabiduría. 

Enséñeles a trabajar por las cosas que quieren y no necesitan

Los niños deben aprender, desde pequeños, el valor de los procesos que requieren esfuerzo, dedicación, paciencia y perseverancia. El trabajo es eso precisamente: un esfuerzo constante, atento y paciente que rinde sus frutos solamente con el tiempo. En este sentido, puedes enseñar este principio a tus hijos asignándoles que realicen ciertas actividades que estén de acuerdo a su edad y capacidades. A medida que vayan creciendo, sus responsabilidades deben ir aumentando y es importante que sepan que, si no las cumplen, nadie más las hará en su lugar y ello podría estropear el hecho de adquirir algo que desean y que de otra manera no podrán tener. Si tu adolescente quiere trabajar unas horas, siempre y cuando esto no se interponga en sus horarios de escuela, permítelo. Esto le enseñará responsabilidad y la capacidad de ver que el dinero no crece en árboles y que las cosas materiales tienen un valor.

Enséñeles el valor de dar

Cuando nuestra meta es enseñarles a nuestros hijos a ser agradecidos, debemos inculcar en ellos el deseo de dar. Es importante que hablemos con nuestros hijos de lo importante que es compartir y ser generosos, tener empatía por otros que son menos afortunados. Pero es, aun más importante, que como padres les modelemos el deseo de dar. Involucre a su familia en algún evento comunitario donde puedan servir, donar ropa y zapatos o dar dinero que le va a ayudar a otros a cumplir una meta. Hay muchos hospitales, organizaciones sin fines de lucro, escuelas, iglesias, organizaciones humanitarias, etc., donde ellos tienen la oportunidad de dar.

Controle sus propios impulsos de darle a sus hijos todo lo que piden

El deseo de todo padre es que sus hijos sean mejor que ellos. Eso puede, fácilmente, confundirse con darles todo lo material que ellos no pudieron tener cuando fueron niños. Al mismo tiempo, una cultura de dar sin límites crea hijos mal agradecidos y muy poco comprensibles a las crisis financieras que puedan surgir en el hogar. En un mundo donde los medios casi nos obligan a consumir constantemente, donde los niños y jóvenes son bombardeados para sembrarles necesidades inexistentes, todo padre de familia debe hacer algo para contrarrestar esta influencia. De alguna manera, hay que establecer límites, evitar “ahogar” a tus hijos en juguetes; cuidar de no darles más tecnología de la que en realidad necesitan. Una vida sencilla, casi siempre, es más plena que una vida donde sobran las cosas. Es más, el no siempre tenerlo todo ayuda a nuestros hijos a poner su atención en lo que más importa, en su familia, amigos, pláticas, juegos sanos, en vez de anhelar cosas que —en realidad— no son imprescindibles para su felicidad. En conclusión, muchas veces menos, es más.

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