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Las Memorias que No Desvanecerán

Las Memorias que No Desvanecerán

por
Dr. James Hommowun

Esta semana, quien fuera mi compañero de departamento en el colegio vino a la ciudad a ver a su familia y pasó a mi casa a visitarnos una tarde. Después de 20 minutos de ponernos al día junto con mi esposa y mis entusiasmadas hijas, la mayor de mis hijas corrió al cuarto de al lado a tomar una tableta y regresó y le preguntó ¿Quieres jugar ajedrez? Me pasé media hora viendo a mi viejo amigo (quien es tan listo como yo) casi perder su primer juego de ajedrez ante mi hija –  en sus propias palabras, solo se salvó porque ella le mostró un error que él estaba cometiendo y fue entonces que pudo cambiar su suerte.

Quizá deba mencionar que mi viejo amigo es un brillante diseñador de video juegos y sabe más sobre la historia y el desarrollo del ajedrez y sus variantes que yo jamás pueda siquiera pensar en igualar.

No hace falta decir, que me sentí increíblemente orgulloso de mi hija. Y conste que yo no la preparé para que lo retara, ni tampoco hubiera esperado que estuviera tan cerca de ganar ante otro adulto experto. (Quizá debí hacerlo pues apenas la semana pasada me ganó a mí, pero obviamente no puse suficiente atención.)  Pero la razón por la cual viví esta gran experiencia es porque el año pasado me tomé el tiempo para enseñarle a mi hija a jugar ajedrez y pasé tiempo jugando con ella. Ella lo aprendió, siguió practicando – y la verdad es que cada día se pone mejor al derrotar a sus contrincantes de computación más débiles en la tableta, y le entusiasma participar en el club de ajedrez de la biblioteca este verano como una de las jugadoras más jóvenes – ha excedido en muchas ocasiones el poco esfuerzo que yo puse al principio – el “esfuerzo” de divertirme con mi hija.

Nos ocupamos tanto en el día a día que perdemos la noción del tiempo que pasamos (o no pasamos) con la gente más cercana a nosotros, la gente que vemos diariamente – y esta falta pasiva de negligencia no intencional (no estamos tratando de no pasar tiempo con nuestros hijos, es solo que estamos atendiendo otros asuntos que demandan de nuestro tiempo) está teniendo el impacto más grande en las personas más chiquitas. Los niños prosperanante la interacción con sus padres, aman lo que nosotros amamos y quieren desesperadamente ser como nosotros, pero tenemos que darles hasta el más mínimo ánimo y ellos florecerán rápidamente ante nuestra mirada.

¿Si yo no hubiese pasado tiempo jugando con mi hija, hubiera podido contestar a más e-mails? ¿Darle “like” a más publicaciones en Facebook? ¿Hubiera visto un episodio más de Velvet en Netflix? ¿Hubiera terminado otro capítulo de mi libro? Claro que pude hacerlo. ¿Recordaré todo eso en un año? Lo más probable es que no. ¿Recordaré el brillo en los ojos de mi hija y la alegría genuina de mi compañero al jugar con ella – algo que sucedió solo porque yo había jugado con ella antes? Absolutamente. Probablemente por el resto de mi vida.

Sabemos que encontrar el tiempo y balancear todas las tareas que tenemos los padres es difícil – es otro trabajo de tiempo completo encima del trabajo que ya tenemos, y el horario es de 24/7. Por esta razón, Lazos de Familia lleva a cabo una serie de podcasts cortos que ayudan a padres jóvenes (y no tan jóvenes) para que puedan lidiar con los desafíos que todos enfrentamos – sabemos que la cosa está difícil, pero no tienen que enfrentarlo solos. Te invitamos a darle un vistazo a nuestro podcast, The Struggle is Real, o a descargar la app de Familia Bridges disponible en Apple Store y Google Play para obtener tips prácticos de cómo deshacerte de los quita-tiempos que no recordarás y cómo hacer el tiempo para las memorias que nunca desvanecerán.  Tómate el tiempo de jugar con tus hijos – ajedrez, béisbol, lotería, a las muñecas, el juego no importa. Quizá te sentirás ridículo, abrumado, o se te hará difícil enfocarte – pero las recompensas son increíbles, y llegarán cuando menos las esperes, y esos son los momentos que valen la pena vivir.

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Los Beneficios de Desconectarse para Conectarse

Los Beneficios de Desconectarse para Conectarse

por
Damaris Bran

Cuando mi hijo Jeremy tenía 3 años, mi esposo y yo aprendimos una valiosa lección a través de la consejería matrimonial respecto al uso de la tecnología y la dinámica familiar. Decidimos intencionalmente no usar la tecnología durante la hora de la cena con la sola intención de promover la comunicación entre nosotros. Sin pensarlo dos veces, incluimos a nuestro hijo en esta dinámica. No les voy a negar que, al principio, por malos hábitos que habíamos adquirido cuando nos casamos, nos costó mucho respetar esa regla y romper con el mal hábito, pero con el tiempo se convirtió en el mejor momento de nuestro día. Cinco años más tarde, nació nuestra segunda hija Rebeca y naturalmente se integró a nuestra regla y ya cultura familiar.

Hoy día mis hijos ya son adolescentes y hasta el sol de hoy ambos respetan profundamente la regla de “no tecnología durante la cena”. Ellos son adolescentes como cualquier otro, con sus celulares a donde quiera que van. Los usan con frecuencia y en ocasiones hasta se los hemos tenido que quitar porque no cumplieron con alguna responsabilidad importante. Pero la diferencia entre ellos y muchos chicos en los Estados Unidos es que ellos han aprendido a mantener la conexión humana con la familia y amigos.  Ambos son muy verbales con sus sentimientos y comparten todas las cosas que les han pasado durante el día. Muchas de esas pláticas son profundas y tienen que ver con la oportunidad que mi esposo y yo tenemos de guiarlos por la vida. ¿Cómo hemos logrado tener dos adolescentes tan saludables a la hora de conectarse emocionalmente? Siguiendo una simple regla, separar por lo menos una hora al día intencionalmente para habla y compartir sin ningún tipo de tecnología que nos interrumpa.

La tecnología representa una amenaza en la salud mental de nuestros hijos. Hay estudios que sugieren que hoy experimentamos un fenómeno llamado“adicción a internet”. El problema que se presenta cuando los chicos se vuelven completamente dependientes de la conectividad a internet y que incluso puede llevarlos a tener síntomas de angustia, ansiedad y violencia si no tienen acceso a la red, además de generar alteraciones cerebrales similares a las que genera la adicción al alcohol y drogas. Según los especialistas, esta adicción puede llevar a las personas a sufrir de depresión, nerviosismo, irritabilidad, pánico y poco interés en convivir con otras personas. Esto puede no solo aislar a nuestros hijos de su mundo social, pero privarlos de una niñez plena.

¿Qué podemos hacer para prevenir que este fenómeno social afecte a nuestros hijos? A continuación, unos consejitos que les pueden servir:

Los padres somos el ejemplo: Las mamás y los papás modernos están familiarizados con el uso de la tecnología, más que cualquier otra generación. Por este motivo, con frecuencia se les hace difícil separarse de sus dispositivos. Cuando esté con sus niños, deje los teléfonos inteligentes a un lado y converse o juegue con ellos, entre otras cosas. Las posibilidades de hacer algo juntos sin tecnología son infinitas.

Establezca un horario fijo para usar la tecnología: Como parte de su rutina diaria, establezca periodos para el uso de los dispositivos. La Asociación Americana de Pediatría recomienda limitar el uso de tecnologías a menos de dos horas al día para niños mayores de dos años. Por otro lado, evite exponer a niños menores de dos años a cualquier tipo de pantalla.

Limite el uso durante las comidas: Comer en la mesa mejora el ambiente de unión familiar y fomenta hábitos saludables. Evite que los niños coman frente al televisor o que utilicen celulares o tabletas, pues esto les quita el apetito y el interés por la comida.

Fomente la actividad física: Cuando los adultos hablamos de ejercicio, pensamos en correr o levantar pesas. Sin embargo, en el caso de los niños hacer ejercicio significa jugar y estar físicamente activos.

Algún día sus hijos crecerán, serán adolescentes y luego adultos que levantarán el vuelo en la vida. Lo más valioso que se llevarán con ellos son los recuerdos que tendrán de su familia, que luego imitarán en la propia. Seamos padres y madres intencionales en la educación de nuestros hijos y volvamos a la tecnología una herramienta que nos ayude y facilite la vida en muchos sentidos, pero no permitamos que la tecnología nos domine y marque el paso en el que debemos educar a nuestros hijos.

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Mi Papá, Mi Inspiración

Mi Papá, Mi Inspiración

por
Verónica Vásquez

Si me preguntas quién es la persona que más admiro en el mundo, te diría una y otra vez, Israel Vásquez. No, no es una celebridad; sus vecinos apenas conocen su nombre. No es un profesionista, limpia los pisos de una compañía. No es un erudito, dejo de ir a la escuela cuando iba en segundo año de primaria porque su papá le enseñó que la educación no era necesaria para alcanzar el éxito. ¿Quién es ese hombre?, te preguntarás. Ese hombre es mi padre.

A sus 62 años de edad, aun anda y corre como un adolescente. No tiene botón que lo pare, especialmente los fines de semana. Yo lo veo y quisiera tener la misma energía que el tiene. Y no solo está lleno de energía, deberías ver cuanta fe tiene y cuanto Dios le ha bendecido. Ha sido una inspiración no solo para mi, sino para otras personas que lo conocen y déjame contarte porqué.

Mi papá nació y creció en Cuetzala, Guerrero, México. Es el quinto de once hijos. Su familia fue desterrada del pueblo porque la gente creía que su padre formaba parte de la mafia y que era un “peligro” para el pueblo. Mi abuelo y su familia se fueron del pueblo a vivir a una montaña donde no había electricidad. Mi papá se convirtió en el hombre de la casa a la edad de ocho años, cuando su padre fue asesinado. No tuvo otra alternativa que trabajar en el campo de sol a sol para poder dar a sus hermanos la educación que merecían.

Mi padre era tan analfabeta que ni siquiera sabía cuándo era su cumpleaños o cuantos años tenía. No fue hasta que tenía 16 que le preguntó a su mamá que si podía engordar un marrano para su cumpleaños. Mi abuela le dijo, “¿Y para qué? Tu cumpleaños fue hace tres meses, no tiene caso.” Mi padre veía la necesidad de superarse pero no tenía el dinero para hacerlo. Intentó cruzar la frontera no una, sino dos veces en 1977. Así que sí, estás en lo correcto si crees que mi papá es un inmigrante.

Su destino era Chicago y al segundo día de su llegada y sin saber el idioma, una frase sencilla como “excuse me” le dio la oportunidad de un trabajo. Fue lavaplatos de un restaurante localizado en la ciudad con vista al que fuera el edificio John Hancock. En los siguientes 10 años, ya había conocido a mi mamá, habían tenido a dos hijos (mis hermanos) y acababa de comprar su primera casa en Wheeling, IL.

Dos años mas tarde, en 1990, llegó su mayor dolor de cabeza; yo, su hija más chica, Verónica. Cuando niña, recuerdo que mi mamá me dijo que se iba a casar con mi papá. Yo me colgaba de la chapa de la puerta de la cocina y lloraba inconsolablemente porque no quería que se casara con aquel señor chaparrito al que yo llamaba papá. Hasta el día de hoy, se ríe de mi y de lo que dije pero honestamente, me alegro de que mi mamá no haya tomado en cuenta mi consejo y que sí se haya casado con el.

No fue hasta mis años de adolescencia que entendí porqué mi papá no sabía leer ni escribir bien. Comprendí su pasado y comencé a ver el gran esfuerzo que ha hecho todos estos años para poder darnos lo mejor.

Lo poco que sabía de leer y escribir lo aprendió porque había practicado con un libro, la Biblia. Escribía versos de la Biblia una y otra vez, tanto que para mi regreso a clases todas mis libretas habían desaparecido porque el las usó todas. Me sentí con la obligación, no solo como hija pero como alguien que había sido inspirada por su historia, de ayudarle a crecer. Así que leíamos la Biblia juntos. Nuestro verso favorito es Deutoronomio 6:

Estos son los mandamientos, preceptos y normas que el Señor tu Dios mandó que yo te enseñara, para que los pongas en práctica en la tierra de la que vas a tomar posesión, para que durante toda tu vida tú y tus hijos y tus nietos honren al Señor tu Dios cumpliendo todos los preceptos y mandamientos que te doy, y para que disfrutes de larga vida.
Hasta el día de hoy, su escritura no es perfecta, pero ha mejorado. Su lectura es lenta pero le encanta leer y no se avergüenza ni yo tampoco. Hace nueve años, en el 2009, pasó su examen de la ciudadanía estadounidense. Y no solo pasó el examen, sino que lo hizo en inglés. Y hace solo cuatro años, su primera casa por fin fue oficialmente suya.

Estos últimos años ha estado batallando con Fibrosis Pulmonar, la cual no tiene cura. Recientemente fue diagnosticado con una enfermedad rara de la piel y cáncer de la piel en su oído derecho. Pero a pesar de todo eso, su fe y confianza en Dios continúa creciendo y eso es lo que lo ha mantenido de pie hasta hoy.  No hay un día que este hombre no se ponga de rodillas para dar gracias a Dios por su familia. Eso, para mí, vale más que tener una maestría o doctorado. Nuestra relación no es la mejor, yo corro tras de el, vigilando cada movimiento, como si fuera mi hijo, pero eso no lo cambiaría por nada.

Gracias papá, por todo lo que haces por tus hijos, tu esposa, y ahora por tu nieta. Te amamos. ¡Feliz Día del Padre todo el mes y todo el año!

¿De cual manera impactó tu vida tu papá? Cuéntanos en la sección de comentarios.

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Jamás Subestimes el Valor de las Manos Amorosas de un Padre

Jamás Subestimes el Valor de las Manos Amorosas de un Padre

por
Dra. Alicia La Hoz

Recuerdo vívidamente los dedos largos de mi papá y sus manos abiertas cuando hablaba y daba la bienvenida a aquellos que se le acercaban. Yo sabiamente me aseguraba de no interrumpir cuando veía a su rostro enterrarse en sus manos en un pensamiento profundamente. Aprecié sus manos grandes cuando me cargó a la sala de urgencias en varias ocasiones por accidentes que tuve mientras jugaba con mi imaginación. Y traté de seguir su enseñanza de la manera apropiada de tomar una pelota de beisból para una pelota veloz o curvada. Han pasado cuatro años desde su fallecimiento y lo que más atesoro son sus manos acogedoras que desaparecían todas mis preocupaciones por el mundo.

Hay muchas características únicas de sus manos. Probablemente sabes que los dedos tienen huellas dactilares únicas. ¿Sabías que las manos tienen más receptores sensoriales que cualquier otra parte del cuerpo? Así que, de alguna manera, llevamos nuestros sentimientos en las manos. También podemos darnos una idea de cómo se sienten los demás al observar sus manos. Yo fui muy afortunada al disfrutar el privilegio de ser criada por un padre que demostraba amor a través de sus manos. El era acogedor, amable, amoroso, y también protector – nunca cruzaba sus propios límites. En lugar de ser un padre que es recordado por manos enojadas que lastiman y no son de confiar, sea un padre que a través de sus manos acoge, guía y ama.

  • Manos acogedoras: Asuma una actitud y postura que invite a sus hijos a acercarse a usted con preguntas sobre el mundo, sobre las relaciones en su vida, y sobre la vida en general. Cuando se acerquen, baje a su estatura, tome sus manos y véalos a los ojos. Recíbalos y hágase presente lo mas que pueda. Al darles el regalo de su presencia, usted les comunica que son bienvenidos que son valorados, y que son importantes. Esto creará un sentido fuerte de identidad en su vida que les ayudará a ser adultos seguros de sí mismos.
  • Manos que guían: Tómese el tiempo de enseñar a sus hijos. Invítelos a que le acompañen mientras trabaja en el auto, o cuando arregla una puerta, o cambia un bombillo de luz. No solo les da la oportunidad de aprender habilidades prácticas para su diario vivir, sin que, al hacerlo, esta conectando y creando un lazo fuerte con ellos. A medida que trabaja en estos proyectos juntos, enséñeles sobre sus valores, expectativas y deseos.
  • Manos amorosas: Abrace a sus hijos. Cárguelos; hágales cosquillas, juegue con sus juguetes, péinelos. Cree memorias que les recuerden lo mucho que los quiere. Asegúrese que las memorias que cree no sean unas de manos cerradas o de heridas que duelen. Asegúrese que sus manos no sean las que ellos evitan, sino las que atesoran. Enséneles a través de su ejemplo lo que es apropiado y no apropiado y cómo establecer límites apropiados.

La visión de Lazos de Familia es familias fortalecidas con hijos con propósito. Para más recursos para la crianza de los hijos o específicamente para papás, descargue nuestro podcast en inglés, The Struggle Is Real.

Este podcast, de estilo panel, tiene tres conductores y un invitado especial cada semana donde hablan sobre diferentes situaciones, presentados a través de actuaciones en audio que muestran técnicas de crianza de los hijos que funcionan.

¿Cuáles son las cosas que mas recuerdas de tu niñez con tu papá? Cuéntanos en la sección de comentarios.

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El Poder de un “Te Quiero Mucho”

El Poder de un “Te Quiero Mucho”

por
Sandra Briseño

“¡Papáááá, tengoooo comezónnnn!”

Como la “Tuza”, la hija de Pedro Infante en la película Los Tres Huastecos, yo muchas veces le grité esta frase a mi papá desde el otro lado de nuestra casa. Aunque fueran las doce de la noche, mi papá no se medía en atender a mis necesidades. Cosas de las cuales yo, en ese tiempo, no entendía como su lenguaje amoroso.

Mi papá siempre fue un hombre de pocas palabras, pero me dolía no escuchar un “te quiero mucho” sin que yo fuera la primera en decírselo. Por muchos años, yo pensé que el no me quería lo suficiente para decírmelo.

Por siempre recordaré la primera vez que escuché un “te quiero mucho” sin yo habérselo dicho primero. Ocurrió después de meses de consejería. Lo que al principio comenzó como un acto para restaurar su matrimonio con mi mamá, terminó ayudándole en diversas áreas de su vida incluso en su habilidad de expresar sus sentimientos. Se me hace un nudo en la garganta al recordar ese abrazo y el “te quiero mucho” que me dijo. “Te quiero mucho” son palabras que por más simples que sean, marcaron la diferencia en mi relación con mi papá. Ese “te quiero mucho” abrió una fuente de comunicación, apoyo y comprensión entre los dos. Sé que no fue fácil para él hacer cambios que lo distinguieron de los hombres de su familia, pero yo lo admiro y respeto por eso. Las palabras tienen poder y eso me enseño el aquel día que logró expresar su amor de padre hacia mí con palabras.

Ahora que tengo 23 años, entiendo lo difícil que fue para él expresar sentimientos con palabras que nunca escuchó de su propio padre. También, he logrado comprender que, aunque el no me dijera que me quería mucho, sí me quería. Me lo demostró una y otra vez, incluso cuando a gritos le pedía que me rascará la espalda. Toma tiempo lograr expresar con palabras lo que uno aprendió a expresar con acciones, sin embargo, como hijos necesitamos el amor de nuestros padres en ambas formas. Mi papá es el hombre que más admiro, incluso aún más, porque él ha logrado expresar lo que siente con palabras sin importar el que dirán.

“Te quiero mucho, papi.”

¿Cuáles han sido las cosas que marcaron la diferencia en la relación con tu papá? Cuéntanos en la sección de comentarios.

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Papá Pródigo, Hijo Perdonador

Papá Pródigo, Hijo Perdonador

por
Eduardo Morales

Mi corazón estaba palpitando. Me comencé a calentar por dentro. Esto es lo que sientes cuando sabes que el Espíritu Santo está actuando contigo, respondiéndote en ese momento específico.

“Marca pasos, ¿quién aquí necesita marcar pasos?”, el pastor retaba a todos los hombres para que pasaran al frente del altar (escenario).

Era una forma sencilla de ahogar el sonido de mi corazón. ¿Por qué tengo que hacer esto ahora Dios? ¿En este momento? ¿Delante de tantos hombres? ¡Esto me va a hacer quedar como un débil! Dios yo puedo hablar con mi padre cuando lleguemos a casa, ¡¡¡¿por qué lo tengo que hacer aquí?!!! Esto era algo que yo hablaba en mi cabeza. En aquel momento difícil un hombre fue al altar y aceptó el reto y marcó su paso.

Seis años antes yo había perdido todo, alusinaba, odiaba, tenia miedo y estaba roto. Mi padre se había ido sin mi madre, hermano y sin mí. Afortunadamente, para mí yo estaba listo para salir adelante en el colegio. Era mi forma de escapar. No podía estar en la casa, no sabía lo que iba a pasar y no sabía qué ocurriría con esta separación de mi famlia. Solo sabía una cosa, había perdido todo el respeto por mi padre. Lo trabajador, estricto, “haría todo lo que tuviera que hacer para ayudar y proveer a mi familia de lo que tuviera necesidad”, no deseaba hacer nada con él. ¿Por qué mi padre? ¿Por qué regresaste? ¿Por qué viniste aquí? Yo no deseaba realmente hacer mucho en aquel momento, pero mi respuesta fue ignorar y echar a un lado todo, y tratar de hacer lo mejor de mí para olvidar.

Yo sabía que necesitaba tomar la decisión de marcar mis pasos y perdonar a mi papá. Todos estos años yo los tenía debajo de la alfombra. Yo necesitaba escoger y ponerlos detrás de mí, para que nuestra relación fuera enmendada, sanada, restaurada. Comencé a caminar hacia adelante, gentilmente todos los hombres de la audiencia pasaron cerca del altar. No deseaba pasar, tenía que pasar.

“Allá ¿nadie más tiene necesidad de marcar pasos hoy?” dijo el pastor nuevamente.

Me puse en pie y finalmente caminé. “¿Y qué paso quieres marcar hoy?” él dijo.

En una voz muy temblorosa dije, “tengo que compartir algo con mi padre. Necesito perdonarlo”.

Se volvió a contemplar el mar de hombres que tenía al frente, el pastor dijo, “dónde él se encuentra, tráiganlo al altar…”

El no estaba en el salón. “¡En serio! Ahora voy a quedar como un tonto, ya se lo dije a Dios en mi cabeza. Ellos, literalmente, fueron a buscarlo hasta encontrarlo y yo esperando en el altar hasta que alguien, finalmente, lo encontró. Yo sabía que pude haber esperado hasta que llegara a la casa”, yo decía en mi interior.

Yo deseaba que mi padre no estuviera cerca. Busqué refugio en mis logros, mi cita con una relación a la vez, algo de drogas, alcohol y juegos. Cuando él decidió estar ausente por un tiempo en mi vida, no cambió el rol de que él era mi padre y yo su hijo. No deseaba continuar el camino de mi vida tratando esta figura fuera de mi vida. Yo deseaba esa relación. Yo necesitaba esa relación. Algunas temporadas en mi vida fueron activadas prematuramente. El rey dejó la casa, pero el príncipe tomó la posicion, una posición para la que no estaba preparado.

“¡Nosotros lo encontramos!” Alguien gritó en la parte de atrás. El caminó hasta el altar con un sentido de urgencia.

“Su hijo tiene algo que desea compartir con usted…” el pastor me dio el micrófono.

“Papá, solo quiero decirte que te amo demasiado… (mis ojos se pusieron llorosos)… Yo te pedí que vinieras aquí porque tengo que marcar este paso. Necesito perdonarte por todo lo que ha pasado en nuestro pasado. No deseo seguir siendo tu enemigo ni mantenerte en la posición de culpable por más tiempo. He decidido hoy, papá, poner estos últimos seis años detrás de mí.” En este momento sollocé. Mi padre se agarró de mí y compartimos este momento, nos unimos en un gran abrazo que nunca había recibido de él, me sentí libre, me sentí relajado. En ese momento, las ataduras de enojo, de traición y de abandono quedaron atrás. Sentí el poder de la liberación y la libertad del perdón.

Un hombre me hizo el acercamiento y me dijo lo impactante que fue ese momento para ellos. Sentí como si el Señor me hubiera enseñado que ese momento no era exclusivo para mí, sino para todos aquellos hombres que estaban en el salón, para que vieran un acto sincero de perdonar.

Nuestra relación ha cambiado drásticamene hacia lo positivo. Creo que seleccionar perdonar puede ser algo vulnerable y una cosa riesgosa, pero aprender a cómo perdornar y aplicarlo a nuestras relaciones es un acto integral. Perdonar liberta, no perdonar estrangula y entorpece. Necesitamos aprender a perdonar, como El nos ha perdonado.

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Mide Dos Veces Para Cortar Solo Una

Mide Dos Veces Para Cortar Solo Una

De los Blogs de ¡Qué Gente, Mi Gente!, por
Eva Fleming

¿Recuerdas alguna lección que aprendiste de forma difícil? Una colega me contó que cuando ella comenzó la universidad, sus padres le enviaban una cantidad modesta de dinero para ayudar con la comida y otros gastos esenciales. Su primer mes viviendo sola gastó todo su dinero en una parranda con los amigos y tuvo que pasar el resto del mes comiendo solo avena de desayuno, comida y cena ya que sus padres se rehusaron a mandarle más dinero para re-emplazar el que gastó. Esta fue la única y última vez que salió de parranda con sus amigos sin primero medir las consecuencias de sus hechos.

Al igual que ella, todos tenemos alguna historia sobre algo que aprendimos de forma difícil y cómo estos errores nos convirtieron en mejores personas en el camino.  Pero en estos días se nos hace más y más difícil encontrar a personas que han enfrentado este tipo de adversidad porque la mayoría de los padres del siglo 21 tenemos aversión a riesgos y muy poca tolerancia para el fracaso y si nuestros hijos gastan todo el dinero en una parranda en asuntos de horas ya les estamos transfiriendo más dinero a sus cuentas bancarias  para que no sufran.

Pero si deseamos ver a nuestros hijos transformados en adultos ingeniosos y competentes debemos estar dispuestos a dejarlos asumir las consecuencias de sus acciones. Nuestros hijos deben aprender, como todo buen carpintero, a medir dos veces y cortar solo una vez. Actuar de forma impulsiva, sin pensar, es igual que cortar sin medir.

Chris Hudson, el autor de Criando Adolescentes Fuertes, nos da seis razones para dejar de mimar a nuestros hijos y dejarlos que enfrenten las consecuencias de sus acciones.

  1. Para que aprendan a adaptarse
  2. Para que se les quite el miedo al fracaso
  3. Para que aprendan a responsabilizarse
  4. Para que aprendan a salir hacia adelante
  5. Para que aprendan a lidiar con el desaliento
  6. Para que no sean reclamadores

Claro que muchas veces debemos dar a nuestros hijos una mano cuando se están ahogando, pero mientras más años cumplen, menos ayuda nuestra deben requerir. La madurez trae consigo la habilidad de medir consecuencias. Los hijos no necesitan ser protegidos de las consecuencias de sus actos; lo que necesitan es que les enseñemos a medir antes de cortar.

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Saca el Tiempo para Disfrutar a tu Familia este Verano

Saca el Tiempo para Disfrutar a tu Familia este Verano

Por
Eva Fleming

El sábado pasado, mi hijo de diez años y yo fuimos al mercado, temprano en la mañana, en busca de frutas frescas. Me fui caminando y él me siguió en su bicicleta. Una vez ahí, escogimos de entre nuestros productos favoritos y regresamos a la casa a hacer jugo fresco de naranja y batidas de frambuesa para llevarnos a la playa en este día caluroso.

Una vez en la playa, pasamos unas horas placenteras con bebidas refrescantes, yo, disfrutando el mar tranquilo y apacible mientras los chicos buscaban más adelante las olas de más poderío para montarlas con su “boogie board”. Después de unas horas, la temperatura se elevó y aunque la playa es paradisiaca tenemos que huir a nuestras casas para escapar del sol floridano.

Estos momentos veraniegos crean memorias y unen nuestros corazones fortaleciendo así el vínculo familiar. Tenemos que hacerlo cada vez que podamos, pues nuestros calendarios se llenan rápido y el tiempo se hace efímero. En mi hogar, por ejemplo, mi chiquito está yendo a un campamento de karate durante la semana y el otro está envuelto en un programa de misiones con sus compañeros de la iglesia. Si yo no hago un esfuerzo especial para reunirlos en el calor familiar, terminamos todos haciendo lo nuestro y nunca nos juntamos para celebrar la bendición que resulta ser nuestra familia.

Cada persona es diferente, por lo que para cada uno la definición de “fun” o diversión, cambia. Para mi esposo leer un libro es divertido y para mi hijo adolescente es tirarse de la cascada más alta. Es por ello que cuando nos vamos a divertir como familia siempre me gusta tener presente los gustos y las necesidades de todos.

Para divertirse en el verano no hay que gastar miles de dólares en Disney; una manguera y globos de agua es todo lo que necesitas. Abre la llave afuera en una tarde calurosa y comiencen a tirarse vejigas de agua y tendrán la misma satisfacción con dos dólares y cincuenta centavos que tienen en un crucero a las Bahamas. Lo que importa no es cuán caro resulte la actividad, sino cuánta unidad traiga a la familia. Pues sabemos que los niños que son criados en un medio ambiente saludable, lleno de momentos de alegría y con padres que tienen contentamiento en todas las circunstancias, son los que terminan transformando el mundo.

Nuestros cerebros y el de nuestros hijos pueden funcionar mucho mejor si aprendemos a minimizar el estrés. La estructura del cerebro siempre está atravesando por cambios, gracias a su plasticidad. Cuando incluimos actividades que se salen de la norma, de la rutina y el estrés diario, podemos mejorar la conectividad y la estructura del cerebro, ayudando a nuestros hijos y a nosotros mismos a rendir más a la hora de hacer nuestras tareas diarias.

Claro que debemos insistir en que nuestros hijos hagan sus oficios en el hogar y completen sus tareas. Pero lo que ellos más necesitan es que juguemos con ellos. Las familias que juegan juntas, permanecen juntas. No es difícil impresionar a un niño. Pequeños momentos de karaoke, jugar a las escondidas, sacar el juego de ajedrez o hacer jugos naturales de naranja y frambuesa es todo lo que se requiere para traer una sonrisa a sus labios una tarde de verano.

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Aprecia los momentos con tu familia y de ser necesario, busca la reconciliación.

Aprecia los momentos con tu familia y de ser necesario, busca la reconciliación.

Tomado de

¡Qué Gente, Mi Gente!

¿Existe una conversación que lamentarías no haber tenido con un ser querido si una desgracia le llegara a pasar? Dile a tu familia que la amas, aprecia los momentos que disfrutas con ella y de ser necesario, busca la reconciliación. Recuerda que nuestros días están contados. Este es el caso de Josué, quien después de haber tomado decisiones que han afectado para la mal la relación con su hija, ahora busca la reconciliación.

Las madres que como Anabela se molestan cuando un padre que se ha desaparecido quiere re-entrar a la vida de sus hijos deben aceptar la reanudación de la relación pero con cautela y observación.  Ellas tienen el derecho y la obligación de permitir que el padre entre de nuevo a la vida de sus hijos tanto como primero establezcan límites estrictos en la relación y no le den acceso ilimitado, por lo menos al principio mientras pasa la prueba de sinceridad y honestidad. Pero no deben dejar de sentirse optimista aunque sea de forma cautelosa ya que un hijo que tiene el apoyo tanto del padre como de la madre se siente mucho mas conectado.   La conexión es clave para la salud emocional. Los jóvenes desconectados terminan cometiendo crimines de violencia.  Es que los seres humanos valoramos la pertenencia. La pertenencia es un sentimiento irresistible que existe en la naturaleza humana.  Cuando pertenecemos podemos identificarnos claramente y responder a nuestro medio ambiente. La persona que se siente desconectada, especialmente de su padre o madre biológica experimenta soledad. Es por esto que es de suma importancia desarrollar nuestras relaciones y no posponer ni un segundo más la reconciliación.

Las buenas relaciones no surgen como por arte de magia. Hay que trabajar para hacerlas florecer. Este cambio debe ser deliberado, no va a surgir por sí solo. Por lo que debemos hacer todo lo posible de que no se ponga el sol sin primero haber tratado de buscar a ese alguien de quien nos hemos distanciado y comencemos a reconectarnos y reconciliarnos especialmente si ese alguien es un padre o madre biológica.

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El Papel de Padre que Desempeña mi Esposo

El Papel de Padre que Desempeña mi Esposo

Por
Eva Fleming

No sé tú, pero de vez en cuando yo observo y reflexiono sobre el tipo de padre que mi esposo es para nuestros hijos y una sonrisa furtiva pasa por mis labios. Él no es el padre divertido y energético que lanza a los niños en el aire o juega con ellos en la corte de básquetbol. Pero cuando veo a mis hijos creciendo y madurando, independizándose y abrazando la vida, tengo que admitir que este hombre tan reservado ha hecho algo muy bien. ¿A qué más podría atribuir el hecho de que mis hijos son tan adaptables, trabajadores, responsables, respetuosos y enfocados? ¿Sería tal vez, porque viven bajo la influencia de la mano estable de un padre que los lleva a las prácticas de karate todas las semanas, les confía trabajos grandes, les tiene expectativas altas y les provee los recursos para que ellos triunfen? Yo así lo creo.

Mi esposo ha estado proveyendo para nuestra familia física y financieramente por casi tres décadas. Pero mejor aun, él provee un hogar estable donde el amor y la confianza pueden florecer. He hecho las siguientes observaciones sobre el tipo de adiestramiento paternal que veo bajo mi techo:

  1. El papel que desempeña mi esposo es una expresión de masculinidad. La verdadera virilidad modela un comportamiento saludable y caritativo en las relaciones. Esto es bueno para mis hijos porque ellos están aprendiendo a encontrar su lugar en la sociedad con el poder de un buen modelo. Y es fantástico para mi hija porque la forma primordial con la que ella ha aprendido cómo los hombres se comportan en una relación saludable, ha sido observando a su padre. La mayoría de los divorcios y la violencia doméstica sucede a hombres y mujeres que crecieron sin un padre modelando un comportamiento compasivo en el hogar (Steve Stosney, Ph.D).
  2. El papel de mi esposo es integral para el bienestar de nuestra familia. Yo sé lo que los estudios hechos por gigantes de las ciencias sociales han descubierto sobre la paternidad y la lista es larga. Te invito a que leas el libro Fatherless America de David Blankenhorn. Blankerhorn dice, “que la falta de padres en los hogares modernos es la tendencia más dañina de esta generación.” Pero nuestra familia se ha beneficiado de hijos emocionalmente estables que sobresalen en sus estudios académicos, no demuestran desórdenes de comportamientos y no se involucran en comportamientos agresivos todo porque, estoy segura, hay una figura paterna que toma su papel en serio en nuestro hogar.
  3. La paternidad es buena para mi esposo. La bioquímica y actividad neural que se ha activado en su cerebro después de convertirse en padre, literalmente, lo ha mantenido vivo y enfocado. Amar a sus hijos y sacrificar las comodidades personales para verlos triunfar ha convertido a mi esposo de un soltero egoísta a un ser humano altruista y abnegado. El tal vez lo empuja hasta al límite ya que todavía maneja un auto de 15 años para hacer el sacrificio financiero que beneficia a su familia.

Si preguntas a mis hijos sobre su padre, lo primero que te dirán es, “cuando tengo una inquietud y le pregunto a mi padre, él averigua más de lo que yo pensaba sería posible. El mira las cosas desde todos los ángulos, es muy detallado. Esto me comunica que mis inquietudes sí le importan y desea que tome la mejor decisión posible. Mi padre, realmente, tiene mi bienestar en mente.”

En mi hogar, mi esposo es honrado por su carácter, lo cual, ahora que lo pienso mejor es la misma razón por la cual mis hermanas y yo honramos a mi propio padre. Era un hombre de principios, compasivo, altruista y visionario. Mi esposo es honesto, responsable, confiable y detallado. ¿Y tú (o el padre especial que vive en tu hogar), qué atributos de carácter estás pasando a tus hijos? Ya seas un padre activo, intrépido, afectuoso o uno reservado, estable o determinado, nuestra sociedad te necesita y tu familia también.

Mientras que la representación de los artistas de Hollywood en roles paternos como los de Homero Simpson con su mal humor, vulgaridad, negligencia, torpeza, borrachera y personalidad ignorante e idiotizada puede ser cómica, es definitivamente incompleta y gracias a Dios no representa a todos esos maravillosos padres que yo conozco. En estos días la seriedad del rol de un buen padre va en aumento. ¡Y esto sí que es muy buena noticia!

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